El sorpresivo ganador del premio Nobel de Paz, ¿un espaldarazo a la Primavera Árabe?

La entrega del premio Nobel de Paz ha sido una sorpresa a nivel mundial al no ser otorgado a los más opcionados, Merkel, Papa Francisco, Kerry y Javad, e incluso Santos y Timochenko. El ganador de este año fue el Cuarteto de Diálogo por la Paz en Túnez, compuesto por organizaciones sindicales, de abogados, de DDHH y de industria, comercio y manufacturas; en otras palabras, por la sociedad civil.

Este cuarteto fue fundado en 2013 para generar un espacio de diálogo y democracia entre los miembros de la sociedad tunicina. Después de la Revolución del Jazmín durante 2010-2011 en la que se tumba el régimen dictatorial de Ben Ali, y que dio origen a la Primavera Árabe, el proceso de democratización del país estaba al borde del fracaso, debido a los asesinatos políticos y el desorden social. El Cuarteto logró establecer una vía pacífica para el cambio político en Túnez, mediando en el proceso, y logrando en otoño unas elecciones positivas para la creación de una asamblea constituyente, con el fin de determinar como sociedad el paso a seguir del país en materia de gobernanza.

Para entender un poco esto, es importante partir de la base que a nivel mundial la democracia ha sido identificada tácitamente como la “mejor” forma de Gobierno, y el llamado “primer mundo” o países desarrollados han apoyado estas campañas a lo largo y ancho del planeta, particularmente en las ex colonias de estas mismas potencias, cuando por supuesto es de su conveniencia. La Primavera Árabe permitió la caída del régimen corrupto y dictatorial de Mubarak en Egipto, por ejemplo, y de Ben Ali en Túnez. No obstante, la desesperanza actual que rige sobre esta revolución se había incrementado, no solo por el desorden y el lento cambio en estos países, sino además por la guerra civil desatada en Siria debido al intento de expandir esta revolución al país árabe; todo lo anterior obviamente bajo el contexto de la mayor consolidación del Estado Islámico en la zona.

Se puede inferir que este premio ha sido la mayor decisión política tomada por el Consejo Noruego, curiosamente sin involucrar a ninguna figura política como tal, pero avalando una forma de gobierno al implicar que la paz se consigue a través de la democracia. Y es que este premio no solo es un espaldarazo al “proceso de democratización” del Medio Oriente, sino además, a la intervención de Occidente en esta región para impulsarlo.

No obstante, se deben tener en cuenta dos aspectos que pueden surgir de esta decisión. En primer lugar, la idoneidad de la democracia. No es que la democracia no sea buena, el tema es preguntarse si es aplicable a todas las regiones, culturas y circunstancias. El pasado sugiere que no necesariamente, en dos dimensiones: primero, el proceso de descolonización de los países africanos y asiáticos posterior a la Segunda Guerra Mundial demostró que el autoritarismo liberal, es decir, un híbrido entre elecciones y un régimen con características dictatoriales era el método de “democracia” de las regiones con el apoyo de las potencias. Así mismo, debido a las tensiones generadas por la creación de un país sin nación, se generaban indudablemente guerras civiles. Lo anterior dado que, de acuerdo con la ley internacional, el proceso de descolonización se hizo con las mismas fronteras coloniales, en las cuales las potencias unieron a poblaciones enemigas de toda la vida, y separaron a las aliadas; lo cual escaló las tensiones al momento de generar nuevos gobiernos.

Por otro lado, regímenes con matices dictatoriales son todavía apoyados por algunas potencias ya sea por interés, como es el caso del régimen Obiang en Guinea Ecuatorial debido a las altas concesiones de crudo que genera (cuenta con el apoyo de imagen internacional de un ex miembro de la CIA – ver artículo Política de EE.UU. el Kuwait de África ); o el caso de Arabia Saudita, en el cual la familia Al Saud ha establecido un estilo de monarquía política moderna. Pero es que a veces las sociedades pueden no estar listas para la democracia, no por madurez, sino por las circunstancias que los rodean. En el caso particular de Arabia Saudita, nunca hubo nación o identificación, por el contrario, el sentido de pertenencia en este país fue creado en torno a la religión islámica y a las ganancias del petróleo.

De esta manera, el espaldarazo dado por el Nobel podría tener varias repercusiones, que de cierta forma, podrían desestabilizar incluso más el Medio Oriente. La primera en cuanto a Arabia Saudita, país que cuenta con un alto porcentaje de terrorismo y, al haber sido aliado de EE.UU. en contra de países islámicos presenta un gran descontento interno. Y es que en un Estado donde no hay identidad hacia el país y donde las tensiones entre grupos son elevadas, una revuelta si no es exitosa dejará un gran número de fatalidades, y si lo es, un vacío de poder que puede exacerbar aún más las tensiones en la zona, dando entrada a organizaciones yihadistas como lo es el Estado Islámico.

Así mismo, esta decisión puede ser tomada como un espaldarazo al grupo armado Free Syrian Army (FSA, defectores del gobierno), el cual se inspiró en la Primavera Árabe y cuenta con el apoyo de EE.UU. para derrocar el régimen del Presidente Bashar Al Assad, quien a su vez cuenta con el apoyo de Rusia. El problema es que este régimen también está enfrentado a la célula local de Al Qaeda, el Frente Jabhat Al Nusra, y al Estado Islámico. Un fuego más a esta revuelta puede causar una caída del régimen, lo cual dejaría un mayor vacío de poder en la zona, y por lo tanto, una mayor desestabilización del Medio Oriente.