Por Carlos Villota Santacruz

Internacionalista, Comunicador Social y periodista, experto en marketing político

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Cartagena “La paz se construye entre todos y para todos.Es un camino que debemos escoger y recorrer los colombianos, desde San Andrés hasta el Amazonas, desde La Guajira hasta Nariño.La contribución de todos –jóvenes y adultos, mujeres y hombres–, sin importar su ideología, es necesaria para construir esa Colombia que queremos:Una Colombia en paz, libre de las cadenas del sufrimiento y la violencia… una violencia que, por su crueldad y duración, nos ha arrebatado hasta la compasión”

Con estas palabras el presidente Juan Manuel Santos firmó “ante los “ojos del mundo”, el Acuerdo Final de La Habana con las Farc, en esta ciudad histórica, patrimonial  con un sello de  “magia” que inspiró la obra literaria del NOBEL Gabriel García Márquez, en n hecho que fue registrado por la prensa hablada y escrita del orbe, que dejó abierta una pregunta: “¿la firma del Acuerdo Final de La Habana, será el nacimiento de una nueva derecha y una nueva izquierda en Colombia”

La razón de este interrogante, es por que quienes se oponen al Plebiscito como el ex presidente y senador Alvaro Uribe y el ex Procurador Alejandro Ordoñez, coinciden en señalar –en un acto de protesta al mecanismo de participación ciudadana desde Cartagena- que “a Colombia le llegó la hora de aprender a decir ‘No’. Lo pactado en La Habana entre el Gobierno y las Farc tiene todos los elementos para que la paz que se pretende no sea estable ni duradera”

“Queremos una paz en la que los responsables de delitos atroces no sean elegibles. No obstante, en el artículo 36 del acuerdo de justicia, el Gobierno aceptó que quienes cometieron estos delitos tengan todas las posibilidades de participación en política, al imponer que cualquier sanción “no inhabilitará ni limitará el ejercicio de ningún derecho, activo o pasivo, de participación política”, dijo el senador Iván Duque (Centro Democrático) e

En respuesta a esta tesis, el Jefe del Estado colombiano ha afirmado en público y privado que sus compatriotas le den vuelta  “a la página para mirar con esperanza hacia delante.

¿Queremos acabar con el más largo y el último conflicto armado de todo el hemisferio? Frente a estas preguntas –sabiendo lo que está en juego– NO podemos hacernos a un lado y dejar que la decisión la tomen otros. En nuestro país el voto es un derecho, así como lo es no participar. Respeto profundamente ese derecho. Pero hay momentos en la vida y en las democracias en los que la indiferencia NO puede ser la opción. ¡Este es uno de ellos!Su derecho al voto será más importante que nunca. Porque es el voto popular –¡es el voto de ustedes!– el que permitirá que el acuerdo se vuelva realidad”

En ese escenario, se levantará las Farc como partido político, que en palabras de Timochenko, recordó  al instalar la X Cumbre guerrillera que “quienes desconocen esa naturaleza de las FARC, no pueden explicarse cómo los 48 campesinos marquetalianos, pasaron a convertirse en los miles de mujeres y hombres, que conforman la formidable organización que llegamos a ser tras varias décadas de lucha, y por tanto buscan explicarse ese prodigioso hecho histórico, echando mano a las más aventuradas teorías, encaminadas siempre a desconocer la poderosa fuerza creadora de la conciencia y la organización popular. Un pueblo unido y organizado debidamente, constituye una fuerza invencible”

Lo que se observa en el panorama político de Colombia –un país con 48 millones de habitantes- es que lo más difícil está por venir. Es decir, la implementación del Acuerdo Final de La Habana, que en se traducirá en una nueva derecha y una nueva izquierda, con la llegada de jóvenes con poder de voz y voto, que observaron impotentes como las Farc, convirtieron al ser humano en una mercancía, dejando a miles de familias desintegradas y con un “dolor en el alma”, que en muchos casos, no será olvidado de manera fácil, con un simple reconocimiento de los miembros del grupo alzado en armas, a los crímenes cometidos, la mayoría de ellos, de lesa humanidad.

 

Bajo esa radiografía –declaraciones de los actores de esta nueva etapa de Colombia- se encuentra las Organización de Naciones Unidas en cabeza del secretario General Ban Ki-Moon le dijo al presidente Juan Manuel Santos que “”yo personalmente he sido testigo de lo que ha hecho. Usted se sobrepuso a todas las dificultades, a todos los ataques y no desfalleció. La paz es una gran victoria para Colombia y para la humanidad”.

Es decir, este capítulo se cierra en el país “cafetero”, pero comienza otra que puede ser igual o más impactante que la que se deja atrás. Eso solo lo dirá las manecillas del reloj.