Por Lola Portela

Tiempo atrás, iniciaba una de mis conferencias llamada “El Sexo tiene un Precio” de una manera singular, con un invitado especial, con SIDA. Eso impactaba.

Y les contaré también que antes de casarme, con el padre de mis hijos, para ser más exacta, escribí una columna en la que me referí a la infidelidad como un acto que era capaz de perdonar, dependiendo el contexto, o la situación.

Y es que realmente nunca me he considerado una mujer celosa. Tenía y tengo la firme convicción que es imposible retener a quien ya no te quiere, o no desea estar. Lo único que aún no me es fácil entender, tal vez, por mi formación y comprensión de la honestidad, es el hecho de que la pareja, con la cual se comparte todo, no sea capaz de ser sincera, para decir su forma de estar, o no estar en su relación, motivos que llevan a una infidelidad. Y aquí, me refiero a gente madura o normal, si cabe el término, ya que también están aquellos seres que nunca logran permanecer en una relación estable. Y no los juzgo, pues es claro que todo comportamiento tiene su razón de ser. Y somos el producto o resultado de un cúmulo de hechos pasados.

Luego, cuando por fin me enamoré hasta el tuétano, reflexioné sobre mi postura y corregí. Ahora sí creo que la infidelidad duele y mucho, porque ya no se tratara solo de sexo, sino de esa pareja de vida, de la única persona, a quien se le confía la vida entera.

Sin embargo, esta columna no es para hablarles sobre mi postura ante la infidelidad, ni de sí tuve o no un amor o desamor en mi vida, pero sí hablaremos de sexo.

Y es que ser además de periodista, especialista en educación familiar, y ahora divorciada, precisamente por infidelidad, ha cambiado mi postura abierta frente a perdonar un desliz, aunque mis malas o buenas experiencias no me han hecho celosa, sí me convirtieron, para bien propio, en una mujer más prevenida.

Les hablaré de forma clara, como suelo hacerlo, así no le agrade a muchos. Y es que se debe ser conscientes que un desliz, una simple aventura, cumplir una fantasía, como las cada vez más populares relaciones de tríos, que las justifican en “vivir un momento extremo”, cuando en realidad se trata de una ruleta que termina la vida y conlleva a la muerte, porque trae consigo, no solo pasar límites, sino el peligro para la salud, por las enfermedades de transmisión sexual, también extremas.

Las cifras de infidelidad en el mundo son alarmantes. Estamos hablando de que hoy el 20% de las mujeres ha mantenido una relación que incluye sexo con alguien que no es su pareja. En el caso de los hombres es del 35% por ciento.

Si tomamos en cuenta que la infidelidad también tiene casos que no incluyen sexo, llamada infidelidad emocional, entonces nos referimos a 40% en mujeres y 55% en hombres, aunque, si somos honestos, sabemos que es cuestión de tiempo para que ese tipo de relaciones también terminen en el colchón.

Ahora bien, no sé si es por falta de información negligencia, machismo, que muchos no toman en serio el uso de un condón.

Hombres y mujeres, por igual, piensan que a ell@s no les va a pasar y se consideran inmunes ante las estadísticas del SIDA. Quiero decirles que están muy equivocados.

Las cifras de mujeres casadas con VIH+ salen a flote: 15% de los portadores del virus, son mujeres que han sido contagiadas por sus maridos, consecuencia de la infidelidad.

En mis consultas y terapias de familia logro identificar los innumerables casos de hombre contagiados, y no diagnosticados. Sin embargo, me centraré en el gran porcentaje de mujeres a quienes sus maridos no han tomado en cuenta, cuando se van a echar la llamada “canita al aire”.

Le pregunto a quiénes ponen los cuernos y no se protegen ¿en dónde les queda el “amor”. ¿No se dan cuenta que al no protegerse están desprotegiendo a su familia? ¿No les pasa por la cabeza, en medio de la calentura, que un error de criterio puede poner en peligro la salud de la mujer que escogieron como compañera de vida?, Sin hablarles de la cantidad de bebés, inocentes, que nacen con VIH, producto de tanta “calentura” global.

Entonces regresan los cuestionamientos que cuando soltera me atacaban sobre la confianza hasta en el Cirilo más “sensato”. Y me pregunto en qué momento, sean mujeres o hombres los infieles, vamos a pensar con la cabeza antes de incurrir en un acto. O mejor aún pensar con el pene o la vagina.

Me abruma saber que ahora hay incluso fiestas donde “sanos” buscan contagiarse, como un acto de libertad sexual extrema.

Creo entonces que cuidarse debe ser un homenaje, a esos seres, no culpables de ser positivos; que luchan por ganarle la batalla al VIH, cuidarnos es un deber para no propagar más el virus, cuidarnos es responsabilidad individual, pero también es nuestra responsabilidad cuidar de nuestra pareja y sobre todo de nuestra familia.

Por eso, creo importante hablar de sexo, con los hijos, la pareja, como adultos, sin mojigaterías o tanta hipocresía, pues sin duda estar informados: salva vidas.