Hoy inició la reunión de presidentes para definir el futuro de Siria, haciendo seguimiento a la del 30 de octubre en la cual las partes decidieron la renuncia pacífica de Bashar al Asad (ver El destino de Siria en manos de no sirios). Esto sucede justo el día después del ataque en Francia que dejó 127 muertos en París. Es un momento crucial debido a las aspiraciones del Estado Islámico de consolidar su poderío en Iraq y Siria (ver Grupo yihadista Estado Islámico reconoce autoría de ataques en Paris).

Entre los países que se encuentran reunidos en  la cumbre se encuentran EE.UU., Rusia, Francia, y Turquía, países que han lamentado este ataque terrorista en el corazón de Francia.

De acuerdo con el Secretario de Estado, John Kerry, el mundo se enfrenta a “un tipo de fascismo medieval y moderno (…) que procura destruir y crear caos”, y estos atentados son un llamando a «trabajar aún más intensamente”. El mensaje transmitido junto a Levrov es que se deben vencer a los grupos islamistas como E.I. y Al Nusra, y se debe hacer con toda la voluntad. Por su parte,  Federica Mogherini, jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), afirmó refiriéndose a las naciones libanesas, rusas, egipcias y turcas que «casi todos los países sentados alrededor de esta mesa han sufrido el mismo dolor».

Ahora bien, esta reunión es trascendental para definir no solo el futuro de Siria, pero también el futuro del E.I. Determinar que estos ataques buscan presionar para eliminar la intervención extranjera en Siria y los bombardeos es verídico pero también simplista. No es coincidencia que el ataque sucediera un día antes de esta cumbre, o después de la expulsión del E.I. de la ciudad de Sinjar en Iraq, o el mismo día de la supuesta neutralización de Mohamed Emwazi (británico que degollaba rehenes del hemisferio occidental), o de atentados en una mezquita en Beirut. Claramente hay un grito de no intervención, pero es necesario ver más a fondo la situación.

El tema es que el ataque del día de ayer no logre generar lo que busca el terrorismo como tal: sembrar pánico. Y es que los actos de terrorismo precisamente lo que pretenden es afectar las políticas mediante ataques a la población civil, generando terror con el fin de nublar el panorama y afectar las decisiones. Lo usual es que los países respondan con gran fortaleza e intensifiquen ataques en Siria con base en el dolor del atentado.

Sin embargo, cabe cuestionar si esta opción es la más inteligente. Y es que los bombardeos únicamente no van a vencer al E.I. Es claro que las continuas intervenciones en Afganistán durante la Guerra Fría, en la guerra Iraq-Kuwait, en Iraq en 2003 y en la Primavera Árabe en Medio Oriente por las potencias mundiales han generado este backlashk terrorista, generando cada vez una “cepa” más radicalizada. Así mismo, lo más dañino de estas intervenciones es precisamente el vació de poder que dejan en un territorio con una población tan dividida entorno a la identidad, lo cual facilita el surgimiento de estos grupos (ver El destino de Siria en manos de no sirios). Frente a esto, al Asad afirmó que «las políticas erróneas adoptadas en la región por los países occidentales y en particular por Francia contribuyeron a la expansión del terrorismo.”

Y existe un ápice de verdad en esto. Continuar el carácter de las intervenciones como se han venido haciendo y esperar un resultado distinto es la definición propia de la locura.

En esto la división que existe en torno a la posición de al Asad es fundamental. Rusia e Irán que lo han apoyado continuamente tienen la razón en algo, tumbarlo sería dejar un vacío de poder. Una lucha simultánea en contra del terrorismo y el establecimiento de una “democacia” en un país que no está preparado es incongruente, no es factible lograr ambas al mismo tiempo.

Pero más allá de la intervención como tal, la estrategia está fallando. Las potencias no han entendido el terrorismo, no han lidiado con las dinámicas de poder regionales, y en el caso de E.I. con lo más importante, el apoyo de personas de occidente en la comisión de atentados. Y es que aproximadamente 12.000 peleadores de E.I. son de estos mismos países que intervienen. Generar políticas públicas para arrancar este problema de raíz es trascendental.

0010293555