Por Carlos Villota Santacruz
Internacionalista, Comunicador Social y Periodista, experto en marketing político, marketing de ciudad
Twitter@villocol
Justo cuando hay nerviosismo en el mercado mundial por el resultado de las elección presidencial en estados Unidos, donde Hillary Clinton y Donald Trump se disputarán voto a voto llegar a la Casa Blanca a partir de enero de 2017, el Gobierno del presidente Juan Manuel Satos –en medio de la ceremonia del premio Nobel de paz el 10 de diciembre en Oslo- coloco a todo el equipo del Gobierno, para sacar adelante el proyecto de ley de Reforma Tributaria, que ha levantado “ampollas” por su contenido y alcance.
Una iniciativa, cuyo trámite en el Congreso no será fácil. Si se analiza de entrada, Colombia el aumento de las tasas de interés, prendió “las alarmas”, frente al nivel de endeudamiento del país, generando un efecto inmediato entre el sector bancario, el empresariado y los ciudadanos, que sumado a los papeles colocados por el Gobierno (en pesos y dólares), visibilizó la repercusión de la caída de los precios del petróleo y la exportación de productos no tradicionales.
A lo anterior, se suma la sustitución de importaciones, como consecuencia directa de la devaluación del peso colombiano. Lo preocupante, hoy es que siga subiendo las tasas de interés, que en opinión de los analistas económicos, podrá tener un efecto  contrario al propósito del Estado de mejorar las finanzas públicas a través de una reforma tributaria, que golpea a la clase media y eleva el IVA del 16 al 19 por ciento.
Así las cosas, el estudio de la iniciativa por parte del Congreso, donde las bancadas “enfilan baterías” para las elecciones del 2018, bajo el impacto del ganador en las urnas en territorio norteamericano este 8 de noviembre, podría calificarse de inoportuna, aunque necesaria, dejando un interrogante abierto: ¿cuánto crecerá en el 2016 la economía?
La respuesta es sencilla. No más del 2.5 por ciento. Lo cierto es que la administración del presidente Juan Manuel santos tendrá mucho que trabajar con Londres, Madrid, Lima, Buenos Aires y Washington con el propósito de brindarle a los inversionistas tranquilidad, escuchado permanente a los especialistas, que seguirán de cerca –desde el exterior- el impacto de la reforma tributaria. Un proyecto, que intenta de manera “desesperada” cerrar la brecha de la falta de recursos, en medio de del fenómeno de la corrupción, que impacta en 4 puntos el Producto Interno Bruto.
En una palabra, el “compás de espera”, después del plebiscito –donde gano el no- la comunidad internacional estará pendiente de lo que suceda en Colombia. Lo claro, es que en medio de este panorama, no será “sano para las finanzas públicas” que la reforma tributaria en su estudio y casi segura aprobación salga mal por parte del Congreso, que corre el peligro de ser no una reforma estructural sino fiscalista. A propósito de este comentario usted que piensa. E mail carlosvillota56@gmail.com