Por Carlos Villota Santacruz

A pesar de las grandes fortalezas que tiene Colombia,  persisten tres grandes falencias que han contribuido a frenar su normal desarrollo como país, y de manera individual, a las regiones que la componen: la violencia, la corrupción  y la construcción de un modelo diferenciador de educación.

La pregunta que surge, es quién o cómo se puede solucionar estos fenómenos que nos acompaña como sociedad y que ocupa a diario el titular de los medios escritos y hablados. Al punto que trasciende fronteras.

Particularmente, estoy convencido que la única ciencia del conocimiento que puede fortalecer, visibilizar y edificar una hoja de ruta viable y sostenible en el tiempo es el ejercicio el periodismo con responsabilidad, con la construcción de historias donde los protagonistas sean los ciudadanos.

La razón es muy simple. En una nación con un potencial humano y natural enorme, es preocupante, triste y paradójico que numerosas poblaciones no conozcan la energía eléctrica. No saben que es consumir un vaso de agua debidamente tratada, lo que las mantiene en condiciones de vida similares en el siglo XVIII.

Como se enteran los colombianos de estos hechos,  gracias al trabajo de hombres y mujeres, que tienen como proyecto de vida profesional el periodismo. Asumir este rol o el de director de comunicaciones (independiente de su condición pública y privada) es un desafío histórico.

En un momento coyuntural de Colombia, cuando  se requiere recuperar la confianza y la credibilidad de la institucionalidad del Estado en su diálogo con las regiones de cara a la puesta en marcha del posconflicto, el periodismo se eleva el puente entre el Gobierno, los ciudadanos, con el único propósito la historia de dolor y frustraciones no pueden volver a repetirse. Que el tiempo de la violencia en el país término. Que no hay vigencia para la presencia de grupos irregulares, llámense guerrillas, paramilitares, narcotraficantes, Bacrim o delincuencia común.

En alguna oportunidad Winston Churchill dijo que “la guerra es una invención de la mente humana; y la mente humana también puede inventar la paz”. Desde el periodismo, con el protagonismo de los periodistas, llegó el momento que la presente generación reconozca su aporte a la sociedad, la semilla que puede dejar con su pluma y su voz en favor de una paz, que necesitamos a partir de desarmar los corazones. A propósito de este comentario usted que piensa E mail carlosvillota56@gmail.com