Por Carlos Villota Santacruz

Internacionalista, Comunicador Social y Periodista, experto en marketing político y marketing de ciudad

Desde niño y en mi época de adolescencia y juventud en la ciudad de Pasto, capital del departamento de Nariño, siempre escuche los profesores, a los periodistas y a los dirigentes políticos la necesidad que tenía Colombia de colocar fin a la violencia y construir una paz duradera, viable y sostenible.

De aquella  época hasta hoy, en la segunda década del siglo XXI, por primera vez existe una posibilidad real de colocar fin al conflicto armado más antiguo de América Latina, que dejó como resultado muerte, destrucción, atraso, pobreza y por sobre todo, la pérdida de varias generaciones y la desintegración de miles de familias: varias de ellas en el exterior, con el cierre de las negociaciones entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc.

Un hecho histórico, que abre la puerta al plebiscito el próximo 2 de octubre, como mecanismo de participación ciudadana, un instrumento indispensable para darle vida jurídica al Acuerdo Final de La Habana, que además dejará como valor agregado, la democratización de la vida política y social de los entes territoriales, donde Alcaldes y Gobernadores, serán la representación del Estado, en particular en las zonas donde la violencia fue por año parte del entorno local.

De entrada, hay quienes respaldan el sí al plebiscito. Encabezado por el Jefe del Estado y su equipo de Gobierno También existe otro sector de la opinión como el senador y ex presidente Alvaro Uribe, que tiene reparos al proceso de paz, tras señalar que la impunidad acompañará la reintegración de los integrantes de las Farc, a la vida civil. Es decir, está presente y se sentirá con mayor fuerza, la polarización de dos posiciones frente al presente y futuro del país.

En otras palabras el ajedrez político de Colombia,  será seguido de cerca por la opinión pública nacional e internacional, tendrá en el mes de septiembre un “climax” que llegará niveles insospechados para los analistas y colocará en el “ojo del huracán” a los partidos políticos. La razón. Ingresan al diálogo ciudadano o están condenados a desaparecer. Lo que si se puede decir a esta altura del debate, es que la firma definitiva de la paz y su “luz verde” a través del plebiscito: si gana el sí, no significará el fin de las diferencias entre los ciudadanos, tampoco la reconciliación nacional tampoco significará el fin de las  diferencias, pero lo que sí es claro es que ambas son condiciones necesarias para abandonar la vía de la violencia como instrumento  para resolver las diferencias en las calles, ciudades y en el campo, llamado a ser protagonista de este nuevo escenario, a través de una modernización donde la educación, la ciencia y la tecnología, le permita aportar de manera integral a elevar la competitividad de las regiones.

Bajo esa radiografía, la construcción de un nuevo país –con la paz como eje de un modelo económico y social- la participación de los colombianos en las urnas el 2 de octubre, pasará a la historia como el día “D”: con el concurso del voto se dirá no o se colocará fin a la violencia dando paso al perdón y la reconciliación; una hoja de ruta nada sencilla, en un país pluriétnico, intercultural y donde los empresarios deberán pasar de la teoría a la acción, apoyando a quienes años atrás combatirán al Estado con las armas y ahora se reincorporarán, a partir del Acuerdo Final de la capital cubana. A propósito de este comentario usted que piensa: e mail carlosvillota56@gmail.com