Por Mario Ramirez Arbelàez

En las tragedias, en la enfermedad, en las catástrofes, en las calamidades, es que se conoce la condición y la bondad del ser humano. Cuando otro ser viviente está en peligro se le debe acudir en su socorro, sin mediar ningún interés, solamente debe prevalecer el instintito de solidaridad para salvar la vida que esté en peligro. 

La solidaridad es un sentimiento de unidad, entre seres que están en un mismo planeta y que nos mueve a dar, sin esperar recibir nada a cambio. Se trata de la base de muchos valores humanos. Dice Samora Machel que “La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda mutua entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo.”

Por el temor a la propagación del covid -19 varios países  negaron la llegada a  sus puertos a varios cruceros, que fueron sorprendidos navegando por el mundo , por lo tanto quedaron a la deriva, a pesar de que algunos no tenían personas infectadas.

En mi concepto esa negativa de negarles la llegada a puerto, fue una actitud inhumana, insolidaria con otros seres humanos, porque debieron haber tomado todas las perecuaciones y seguir los protocolos sanitarios necesarias y permitirles llegar a tierra e inclusive recibir alimentos y atenciones médicas. Hasta en las guerras, prima el sentido humanitario.

 En Colombia tuvimos el drama del crucero Braemar, que nadie quería recibir en el Caribe desde cuando se confirmó que una de las pasajeras era la primera persona diagnosticada con coronavirus en la ciudad de Cartagena.

El crucero, Braemar de la firma británica Fred. Olsen Cruise Lines, salió de Cartagena rumbo al Caribe, pero en el trayecto le prohibieron el ingreso a puerto en varios países, incluso Bahamas bajo cuya bandera, navega el crucero y permaneció anclado algunos días ante sus costas. Su capitán se comunicó entonces con la Capitanía del Puerto de Cartagena y pidió «arribo”, es decir, que le permitieran regresar e ingresar al muelle, acción que le fue negada.

A bordo del MS Braemar se encontraban  682 pasajeros, la mayoría de ellos, británicos, así como 381 miembros de la tripulación. Cinco personas están infectadas con el coronavirus.

La odisea del buque MS Braemar por fin encontró un país con sentido humanitario: Cuba.

La Habana accedió a una petición del Primer Ministro  británico Boris Johnson de recibir a la nave, por «consideraciones humanitarias”.  El ministro de Relaciones Exteriores, de Cuba  Bruno Rodríguez, dijo que la decisión fue la respuesta a una emergencia sanitaria que podría poner en peligro la vida de enfermos.

Familiares de los viajeros habían manifestado al periódico británico «The Daily Mail» el temor de que el crucero tuviera que recorrer todo el camino de regreso a Gran Bretaña. «A bordo de ese buque tienen al grupo de los más vulnerables y las personas de mayor riesgo».

La decisión de La Habana de permitir la entrada al MS Braemar brindó un alivio a los afectados y sus familiares. «Son tiempos de solidaridad, de entender la salud como un derecho humano, de fortalecer la cooperación internacional” para enfrentar los desafíos conjuntos con los valores humanistas de la revolución, declaró el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano.

En el caso de los Estados Unidos ,la negativa a aceptar los cruceros es bastante explicable, ya que se encuentra en la situación difícil, de ser el país con el mayor número de contagiados en el mundo.  Sin embargo, no se trataba de recibir a los refugiados de un país hostil, sino a los ciudadanos de Gran Bretaña – su aliado de la OTAN.

La lucha contra la infección por coronavirus implica la unificación de esfuerzos y la asistencia mutua a nivel internacional.

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