El pasado fin de semana los líderes de la economía mundial se reunieron en Lima, Perú, identificando cuántos millones hacen falta para la creación de un fondo climático. Dedicaron también un capítulo especial a la evasión fiscal de las multinacionales.

En Colombia las autoridades ambientales y el Presidente Juan Manuel Santos han encendido las alarmas ante la certeza de que el Fenómeno de El Niño se extenderá hasta el mes de marzo de 2016, lo que hará más grave la escasez de agua.

La obligación es ahorrar agua y luz porque la falta del líquido es una amenaza para el sistema nacional de acueductos y saneamiento básico, al tiempo que pone en peligro la generación hidroeléctrica por el descenso en los embalses.

El panorama es más preocupante si tenemos en cuenta que la oferta de gas no es la misma de antes y los generadores térmicos, golpeados también por los altos precios del energético, no pueden hacer el mismo aporte que hacían antiguamente en momentos de sequía.

El cambio climático ocasiona nefastas consecuencias para la actividad agropecuaria, porque la precariedad del riego genera baja producción agrícola y ello incide en la oferta a municipios pequeños y medianos, así como a las grandes ciudades que ya sienten el peso de la inflación o el incremento de precios.

La Costa Caribe llega a unas temperaturas asfixiantes que pueden ser mortales para personas con trastornos cardiovasculares y / o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En otras zonas como la sabana de Bogotá, se registran por momentos fríos intensos e igualmente indicadores altos de infección respiratoria aguda.

Se conjugan la preocupación por el futuro inmediato del proceso de paz, la estabilidad de la economía, el control de la inflación, el manejo de la devaluación del peso, la inseguridad en los centros urbanos y la violencia que desatan en algunas regiones las bandas criminales, pero se destacan los afanes del Gobierno Nacional para que nada se desborde y por fortuna la selección de fútbol inicia con pie derecho su camino al mundial de Rusia 2018, lo cual genera algo de alegría en medio de la turbiedad de las aguas agitadas.

Las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, FMI, se han concentrado en la reactivación de la economía global, pero también en definir cómo se reunirán los dineros para fijar límites al calentamiento. La urgencia la determina que estamos a dos meses de la cumbre mundial sobre el clima en París y deben tenerse las cuentas claras. A la banca de desarrollo tipo Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, BID, les cabe una gran responsabilidad en la materia.

De acuerdo con la OCDE, la ayuda financiera a los países en desarrollo contra el cambio climático logró los 62.000 millones de dólares en 2014, que es algo más de la mitad de la meta de 100.000 millones fijada para 2020. Los líderes de la economía mundial aguardan que se concreten unos compromisos financieros mayores. 

Conseguir la financiación para ser más efectivos en la lucha contra el cambio climático es una prioridad indiscutible.  Nos complace que los ministros de Hacienda de las grandes potencias hayan aprobado superar vacíos legales que permiten a las multinacionales eludir impuestos en los países donde operan. Si captamos más recursos más tendremos para que el clima esté bajo control.

Desde el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, presidido por el colombiano Luis Alberto Moreno, escuchamos voces a favor de duplicar el financiamiento para el cambio climático, confiando en llegar a un 25 o 30 por ciento de sus aprobaciones a 2020.

A la fecha, 17 gobiernos latinoamericanos, entre ellos el de Colombia, y caribeños, han presentado sus Intenciones de Contribuciones Nacionalmente Determinadas, previo a la COP21, la cumbre climática en París a fines de 2015. La nueva meta financiera climática del BID busca apoyar a estos países a cumplir esos compromisos. Esperamos que así sea. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a jname@josename.com