Por Carlos Villota Santacruz Internacionalista, experto en marketing político. Comunicador Social y escritor

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Los síntomas del agotamiento del modelo económico colombiano, alcanzó su punto de máxima repercusión nacional e internacional con el paro nacional del pasado 28 de abril de 2021, que se extendió hasta el anochecer del 1 de mayo, en distintas regiones del país, en medio de marchas y manifestaciones con una alta presencia de violencia, varias personas muertas (ciudadanos y uniformados). Con imágenes de caos y destrucción en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Pasto, Manizales.

Un escenario –en medio de la pandemia del Covid-19- que emergió en respuesta a la presentación del proyecto de reforma tributaria del Gobierno del Gobierno del presidente Iván Duque al Congreso. Una iniciativa, que se edificó a espaldas de los ciudadanos, de los partidos políticos, de distintos actores de la sociedad, que solicitaron por todos los tonos el retiro de la iniciativa.

Este hecho, se cristalizó pasado el mediodía del 2 de mayo, cuando el Jefe de Estado dijo que la reforma se retira en su estudio y debate en el cuerpo legislativo, en medio de índices económicos preocupantes revelados por el Departamento Nacional de Estadística DANE que hablan de 21.7 millones de personas en condición de pobreza y 7.2 millones de personas en pobreza extrema.

Al analizar en detalle estas cifras, puedo concluir sin temor a equivocarme que el país en términos de calidad de vida para los ciudadanos –de todos los estratos sociales- dio un salto al abismo. Todo por cuenta del comportamiento estacional del empleo. ¿Qué se requiere para este presente complejo y futuro en incertidumbre?

En el análisis de esta característica estructural de la economía colombiana, uno de los primeros elementos a considerar es que –este es un país con desarrollo tardío- tanto que en algunas regiones no se siente la presencia del Estado. En otras palabras, el sector industrial jugará un papel fundamental. La razón, solo la industria podrá generar un crecimiento estable. Además, posee un valor agregado. El desarrollo industrial del presente y del futuro- exige una mejora del nivel tecnológico en las regiones pacifica, andina, llanos orientales, caribe y amazónica.

En ciudades como Bogotá Cali, Puertos Asís o Leticia, los problemas del sistema productivo se concentran en una escasa capacidad para generar incrementos de la productividad a mediano y largo plazo. Sin olvidar, el poco o casi nulo poder adquisitivo de los más del 60 por ciento de la población.

Con este panorama, no la tendrá fácil el Gobierno Duque y menos el Congreso de tramitar una reforma tributaria, que si bien debe construirse bajo consenso, también es cierto que las nuevas audiencias –los jóvenes- necesitan ser escuchador. Ellos, solo quieren tener un país de oportunidades y la posibilidad de educación, que les permita avanzar personal y profesionalmente, bajo las huellas que va dejando la pandemia del coronavirus en un país, que necesita mejorar su economía y de manera integral. Sin sobresaltos. A propósito de este comentario usted que piensa. E mail carlosvillotasantacruz2020@gmail.com