Padre Avelino Ferreira Machado

 Por Padre Avelino Ferreira Machado

o es por falta de aviso o de campañas de prevención la causa del aumento de contagio de Covid-19 en el país. Hace un año nos confinamos por mucho menos. Entre muchas causas está sin duda la falta de cultura ciudadana, muy arraigada en los pueblos latinos, y ahí también incluyo los países lusófonos del cual  hace parte mi amado Portugal.

La cultura ciudadana, ese conjunto de costumbres, reglas, acciones y actitudes que los individuos de una comunidad o sociedad deben observar para que puedan vivir en armonía, implica el cumplir normas, ser tolerantes, respetar los espacios públicos, colaborar con la autoridad.

Desafortunadamente a muchos, en nuestro medio, les atrae la cultura del “atajo”, tejido de conductas erróneas que van desde el irrespeto e inobservancia de las señales y normas de tránsito, el botar desechos en las vías públicas, el irrespetar y agredir a la autoridad, el creer que en la ciudad y en los espacios públicos todo se puede, la intolerancia, la destrucción de mobiliario urbano, hasta la incivilizada agresión física.

Esa falta de cultura ciudadana tiene otro componente, la incapacidad de la autoridad de hacer cumplir las normas e imponer civilizadamente su investidura. La intemperancia y el irrespeto ciudadano se hunden y son consecuencia, en el fondo, de dañosas conductas, de actitudes y comportamientos corruptos, egocentrismo e indiferencia hacia el dolor ajeno

En esto de frenar la propagación del Covid-19 todos tenemos deberes y, sobre todo, grandes responsabilidades. Y no se trata solo de tomar las medidas preventivas de lavarse las manos regularmente, teletrabajar, respetar la ‘cuarentena’ y, por supuesto, conservar la debida distancia.

El cumplimiento de las normas decretadas, La tolerancia, el interés por el cuidado de lo público y el respeto al vecino son actitudes que nutren el bienestar y el buen funcionamiento de la sociedad, sobre todo en estos tiempos de crisis.

La desobediencia a las medidas decretadas; la errada información que se publica en las redes, muchas veces basadas en las suposiciones de los ‘terroristas virtuales’; y la falta de cultura ciudadana han hecho que los principios del civismo hoy sean solo ‘letras muertas’.

Además, salimos a la calle a comportarnos mal. En Semana Santa lo de Dios no fue permitido pero lo del “Diablo” con todas las puertas abiertas y sin restricciones. Mucha gente sabiendo la propagación del virus salió de paseo a lugares turísticos haciendo prever que de 10 a 15 días veremos los efectos del desorden ciudadano de la Semana Santa. Otros comportamientos aberrantes de falta de cultura ciudadana que destruyen las raíces de una sana convivencia ciudadana son los conductores de motos y vehículos que esquivan los semáforos, no respetan los pasos peatonales o se parquean en donde se les antoja; ni hablar de la gente en los supermercados, entidades financieras u otras que no conservan la debida distancia, y aquellos que pasean sus mascotas y que no son capaces de recoger sus excrementos, o entonces los colados en el transporte público, los que se pegan de un poste de energía u de otros servicios etc.

La cultura ciudadana es vital para formar valores éticos, morales, de cooperación, de tolerancia, respeto y corresponsabilidad que fortalecen la convivencia. De igual modo, fomenta la formación de valores democráticos en el ejercicio de los derechos, deberes y libertades ciudadanas. Para eso cada uno de nosotros, consientes de nuestros derechos, debemos cumplir nuestros deberes, y esa actitud se hace aún más apremiante en este tiempo de emergencia sanitaria.