Cuando el 7 de agosto del 2010, Alvaro Uribe dejó la presidencia de Colombia, se creía que pasaba a uso de buen retiro como sus antecesores Andrés Pastrana, Ernesto Samper o César Gaviria. “Sin embargo 5 años después no solo sigue vigente, sino que a través de su partido Centro Democrático, adelanta una “férrea oposición al Gobierno de Juan Manuel Santos”, con quién mantiene una relación distante y solamente a través de Twitter”.
Sus posiciones en las redes sociales no sólo generan opinión pública, sino que alcanza un eco internacional, gracias a su crítica al proceso de paz de La Habana, a la manera como “alerta” sobre el avance de la guerrilla de las FARC, en su propósito de alcanzar el poder y a la manera como enfrenta las elecciones regionales del 25 de octubre, cuando a través del voto se renovará la composición de Gobernaciones, Alcaldías, Asambleas, Concejos y Juntas Administradoras Locales –en el caso de Bogotá-.
Uribe a su estilo,  -a 96 horas de los comicios- salió a la calle a respaldar publicidad, como si fuese e inicio de su carrera política –algo poco usual en un país que observa a los ex presidentes como inalcanzables- lo que provocó no solo la admiración de los miembros de su partido, sino además de personas que no simpatizan con sus ideas. “Uribe es todo terreno y da ejemplo con un acción, que va más allá de invitar a votar. El contacto cara a cara con un ex jefe de Estado”, preciaron colombianos en la capital.
Lo cierto, es que esta posición de Allvaro Uribe, puede elevarlo como una “sorpresa” y un “dolor de cabeza para el presidente Santos” en la cita en las urnas del domingo, en la obtención del Centro Democrático en las curules de las corporaciones públicas en juego, lo que agitará aún más el ambiente político del país suramericano, que hoy se encuentra en la mira de la comunidad nacional e internacional por el proceso de paz, donde hasta el máximo Jerarca de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, apoya el proceso.