De cero tropas estadounidenses a un contingente de fuerzas especiales, de unión con el régimen Bashir a “podríamos dejarlo ir”, los cambios en la posición de los actores intervencionistas en el conflicto sirio podrían demostrar que este país puede ser el próximo Iraq.

Recordemos que el conflicto sirio evidencia una población mayoritaria sunni con un gobierno predominantemente chiita y cuenta con 5 actores principales:

  • El Régimen de Al–asad y su ejército: el heredero de quien mantuvo al país unido es de una línea secular y cuenta con el apoyo de Irán y Rusia.
  • El Free Syrian Army (FSA) que surge como detractor de este régimen, islamista, que cuenta con el apoyo de EE.UU., Arabia Saudita y Qatar, entre otros.
  • El YPG: el grupo islamista kurdo del conflicto Rojava que busca establecer una región islamista, y que ha tenido apoyo de EE.UU. en su lucha contra E.I..
  • Al – Nusra, es decir, el al Qaeda local.
  • El Estado Islámico (E.I.) que busca establecer un califato en el país y controla grandes territorios en Iraq y Siria.

Con la entrada de Rusia al conflicto y el inicio de los bombardeos aéreos sobre territorios ocupados en apoyo al régimen actual y en contra de los deseos estadounidenses de derrocar a Al–asad, al igual que las posiciones enfrentadas entre Arabia Saudita e Irán, parecía que el conflicto y los enfrentamientos adquirirían un mayor tono internacional al estilo de la Guerra Fría, con las dos ex potencias enfrentadas. No obstante, la reunión en Viena sostenida el día de ayer, en un estilo reminiscente a la Conferencia de Berlín (realizada por las potencias colonizadoras de la época que definieron el futuro de África sin los africanos), marca una pauta completamente distinta para la guerra civil en Siria.

EE.UU. plateó una posición clara, las conversaciones dependían de la renuncia de Al–asad. Bajo este escenario Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudita, Irán y  Turquía, junto con otros 12 países, se reunieron para establecer “la hoja de ruta” de Siria, acordando la renuncia del Presidente actual para lograr “una transición política”. Sorprendentemente, no solo la reunión se realizó sin sirios, sino que países como Irán que eran aliados fervientes del régimen actual, establecieron que “podrían dejar ir a Al–asad”.

El problema de tumbar a un dictador que controla y del cual depende la maquinaría de un país, es el gran vacío de poder que deja. Lo anterior, en un país absolutamente fraccionado en términos de identidad y con grupos que se han enfrentado entre ellos continuamente, puede crear un caldo de cultivo para el surgimiento de grupos más radicales. Así mismo, pueden entrar otros países a establecer poderío y generar más tensiones internacionales, debido a la posición estratégica de Siria para el transporte de hidrocarburos hacia Europa en línea recta y con menores costos. ¿Suena familiar? Es inevitable ver este conflicto y no recordar todo lo que ha sucedido en Iraq.

Probablemente la mentalidad de EE.UU., similar a cuando invadió Iraq en 2003, es que si logran una transición y un Gobierno en el cual al menos tres facciones (el ejército, el FSA y el YPG) dejen de combatir entre ellos y se focalicen todos en los yihadistas, pueden acabar el conflicto, y solucionar los demás problemas después. Y es que el problema tanto en Iraq, como parece que va a ser en Siria, es que por pensar en la victoria temprana y en el conflicto como tal, las dinámicas transicionales y del posconflicto, que son incluso algunas veces la mayor amenaza para la paz y la seguridad, son dejadas de lado.

Solo basta con ver Iraq para saber que esa cohesión es muy improbable, y que en el momento en que se consolide un grupo, buscará satisfacer sus intereses, dejando de lado a las otras facciones que a su vez iniciarán una campaña en contra del nuevo “poder” para lograrlo. En Iraq los kurdos ya controlan una parte del país y su producción petrolera, lo cual ha generado aún más tensiones, el Gobierno actual controla una pequeña parte, e E.I. cuenta con gran control. Después de todos estos años, EE.UU. no ha logrado establecer un régimen funcional, y como la opinión pública americana, e inclusive mundial, están tan cansadas del tema de Iraq, las tropas estadounidenses solo “están funcionando como asesoras”. Bajo este contexto, ya Putin ofreció apoyo al país para “estabilizar la zona” y luchar contra E.I., lo cual para algunos “llena el vacío” que ha dejado la disminución de la presencia estadounidense.

Obama anunció el envío de fuerzas especiales, un pequeño contingente de tropas a Siria, después de repetir en innumerables ocasiones que esto no iba a suceder. Lo anterior ha generado una fuerte reacción de la población y de los medios, y el Presidente estadounidense ha tratado de arreglar esto diciendo que sus anteriores declaraciones se referían únicamente a enviar tropas para tumbar a Al-asad. No obstante, sabemos cómo la opinión del público puede afectar la política de este país, generando su salida de conflictos en momentos clave y antes de llegar a un punto de quiebre, si no veamos Vietnam, Afganistán e Iraq; por lo cual, no es descabellado que en el momento en que la opinión pública se canse de Siria, EE.UU. pueda abandonar el conflicto.

Y esto precisamente puede abrir la puerta a la entrada de otros países para llenar su vacío, ya sea Rusia, o peor aún un país vecino que ha tenido historia de enemistad con Siria y puede generar un mayor caos en la zona, como es el caso de Turquía. O incluso, en el caso más grave a un grupo más radical que E.I., como sucedió con esta organización que reemplazó a Al-Qaeda en términos de reclutamiento, agresión, recursos y control.

Esta puede ser fácilmente la historia de Siria en un futuro… lo sorprendente es quién va a aprobar el plan internacional propuesto en Viena si Al-assad renuncia, cómo van a lograr un consenso, debido a que el objetivo de los grupos actuales no es solo tumbar a Al-asad, es adquirir poder. ¿Existe un líder no externo que pueda lograr mantener el país tan siquiera menos fraccionado? Solo el tiempo dirá…