Por Eduardo Padilla Hernández. Abogado.

El pueblo cartagenero eligió a unas personas que ahora ocupan sendas curules en la alcaldía y el Concejo, respectivamente, para que gobiernen con ética y canalicen recursos para el desarrollo del Corralito de Piedra; pero en lugar de llenar las expectativas de esos ciudadanos, el alcalde y los ediles están empecinados en protagonizar una trifulca sin precedentes, opacando, con sus actos equivocados, 484 años de historia de la ciudad heroica.

Bernardo Caraballo y Kid Pambelé, dos personajes sencillos de barrios vulnerables de la ciudad amurallada, a pesar de no poseer una educación académica, están, históricamente, por encima de los políticos que ahora están mancillando la buena imagen de la hermosa ciudad de Cartagena.

En una esquina del cuadrilátero político están los concejales y en la otra esquina, el alcalde William Dau, enfrentados a 15 asaltos o hasta que los réferis de control decidan cuál de los dos bandos es el ganador.

La Constitución y las leyes de Colombia deberían tener en cuenta que los ciudadanos que aspiran a cargos públicos sean personas idóneas que poseen educación ética; en primer lugar, para que los funcionarios del Estado no sean seres corruptos; y segundo, para que tengan un manejo adecuado del idioma, con el fin de evitar la procacidad del lenguaje con la cual se tratan los políticos cartageneros.

El poeta cartagenero y visionario Luis Carlos López (Cartagena de Indias, 1883-1950), cobra vigencia puntual con su poema “Los zapatos viejos”, que en la actualidad se convierte en un vivo retrato de la decadencia lingüística y política de su patria chica; miren lo que dice:

“Fuiste heroica en los tiempos coloniales,
cuando tus hijos, águilas caudales,
no eran una caterva de vencejos.
Mas hoy, plena de rancio desaliño,
bien puedes inspirar ese cariño
que uno le tiene a sus zapatos viejos”.
De tantos errores que ha cometido el pueblo cartagenero, ya es hora de que aprenda a elegir a sus representantes en alcaldía y Concejo, para que los políticos no sigan avergonzando a Cartagena con la corrupción y la vulgaridad ramplona que supera la jerga de los indigentes de la calle.

Si el pueblo eligiera a personas en cargos públicos por la inmensidad de su sabiduría, su sensibilidad para entender los problemas sociales, su habilidad de políticos excepcionales, capaces de influir en la dirección siempre favorable de las circunstancias de su tiempo, su capacidad para canalizar recursos para el desarrollo y el bienestar de su comunidad, bien dotados de inteligencia y sagacidad a toda prueba, ahora Cartagena estaría entre los gobiernos más poderosos de Colombia.

Errar es de humanos, pero permanecer en el error es de necios. Cada cuatro años sucede la misma historia. La sociedad civil Cartagenera (y la colombiana en general) no ha aprendido a elegir de manera correcta.

Es triste decir esto, pero el pueblo le siguió el juego a los corruptos, mediante la compra de votos, y él mismo pueblo se puso el cuchillo en su garganta. Ahora, ¿con qué autoridad moral les puede exigir respeto a los funcionarios incultos que eligió, los cuales fácilmente pierden el dominio de sí mismos y cometen errores de lenguaje, de conducta y de contratos?

Un ciudadano debe aspirar a un cargo público cuando ya esté formado como hombre de estado. Que tenga no sólo conocimiento de administración pública, sino también dominio propio para que sepa comportarse en sociedad; que sepa vigilar todos sus actos y conozca cada uno de sus defectos. Y que cada vez que cometa una falta, él mismo se imponga una sanción. Si se aplica esta disciplina, estará listo para asumir todas sus funciones y responsabilidades de manera correcta.

El pueblo cartagenero, y colombiano en general, no se conoce a sí mismo ni conoce a los demás. Un pueblo así seguirá errando en su decisión electoral. Esto aplica también para los candidatos. Mientras la sociedad civil, los candidatos y los funcionarios públicos no tengan el conocimiento de esta asignatura, van camino a la auto-destrucción.

Este concepto no es un invento humano. La Biblia afirma en Oseas capítulo 4, verso 6, que “el pueblo será destruido porque le falta conocimiento”.

Las sociedades precolombinas tenían un concepto claro sobre esta idea. En esas colectividades había un tejido holístico entre todas las cosas. No había ruedas sueltas. Todo estaba entrelazado entre sí. El hombre actuaba con respeto por la flora, la fauna, el agua, el aire, el fuego y por el universo en general.

Esas comunidades gozaban de armonía incondicional. El hombre no tenía ambiciones ni le interesaban los honores. Cuando el hombre respetaba la naturaleza, ella permitía que él la administrara en paz y no se oponía como ahora lo hace con incendios, huracanes, tsunamis y terremotos.

Si un candidato que aspira a cualquier corporación, o cargo público, pero no tiene alumbrados los ojos del entendimiento respecto a este asunto, es mejor que renuncie a su aspiración. Y si el aspirante insiste, entonces el pueblo no debe votar por esa persona.

La señal de que un candidato no es corrupto se nota en que su programa de gobierno está en armonía con la naturaleza.

No sólo las comunidades de Cartagena, sino las de toda Colombia, ya han sufrido demasiado los embates de la apatía que hay en el ambiente político por la naturaleza.

¿Cómo Saber que un candidato es correcto?

Un verdaderos estadista no pierde el tiempo en diversiones y en brillar en sociedad.

Un candidato inculto se reconocen en que pone en todo demasiada ostentación: la decoración de la casa y la elección de mobiliario. Ríen a carcajadas cuando alguien comete un error gramatical para señalar que no se les ha escapado.

No se puede confiar de un candidato que se contradice en su programa de gobierno.

Si un candidato es imitador de alguien que él cree superior, no es confiable.

Un candidato, además de ser un constitucionalista, debe ser un hombre correcto, porque si es corrupto puede torcer las leyes en contra del pueblo, como sucedió con la ley 100, mediante la cual despojaron a los hospitales, dejándolos casi sin recursos.

Ahora estos entes de salud están en lamentables condiciones para atender la emergencia sanitaria declarada a raíz de Covid-19.

Por último, un candidato debe estar alineado con la justicia social que engrandece a la nación y no con la corrupción que es un agravio para los pueblos (Proverbios 14:34).