Por Lola Portela

Quienes me conocen, realmente, saben que no me considero ni de derecha, ni de izquierda. Para mí tiene validez el respeto a los valores y derechos humanos; el amor por la gente, por la vida; detesto y no le hago el juego a la injusticia y a la corrupción sin importar de dónde provenga.  

De esa misma forma, respeto infinitamente la democracia y por ende a quienes siguen la derecha o la izquierda e incluso están polarizados, como lo está desde hace muchos años Colombia. Yo crecí, y creo que maduré políticamente, en un lugar, con dictadura, donde ser de uno u otro bando no era bueno. Luego en esta profesión entendí que para ser objetivo se debe ser neutral. De lo contrario somos ciegos y sordos, y llevamos nuestra pluma por el camino subjetivo o hacia la manipulación, cuando el propósito es y debe ser informar la verdad, desde los hechos, investigando, y no desde el imaginario.

Por estos días, se escuchan acaloradas discusiones y posiciones enfrentadas por el paro del 21 de noviembre. Y por las redes circulan toda serie de videos y publicidad en contra y a favor, tanto de la izquierda, como de la derecha.  Considero que lo importante es informarse y no tragar tan entero, es nuestra responsabilidad como ciudadanos, antes de tomar cualquier decisión.

Unos dicen que los gobiernos de derecha son corruptos, otros que los de la izquierda, pero sabemos por la historia que en ambos extremos suceden hechos. Como dice el dicho: la sotana no hace santos, ni el uniforme hombres de honor.

Cada hombre y mujer es responsable individual de su forma de actuar, el problema es que detrás o encima se tiene la cobertura y respaldo de una institución, de un pueblo al que se le jura servirle, protegerle y ser leales. Lo digo con toda sabiduría y humildad porque también he jurado, al asumir los cargos en que la vida me ha puesto.  Y es importante saber que es solo un encargo, no se trata de pernoctar allí, hasta morir de viejos.

Es el caso de Evo Morales, quien hasta este domingo fue el presidente latinoamericano en funciones con más tiempo en el poder (algo más de 13 años), y quien se vio obligado a dejar la Presidencia, ya que por él muere en ese cargo. Su renuncia fue presionada por las denuncias de fraude electoral y tras perder el apoyo del ejército y la policía, luego de tres semanas de duras protestas en Bolivia contra su reelección.

Evo Morales pudo retirarse de su carrera presidencial con el alto índice de popularidad que tuvo, pero se empeñó en seguir en el poder, a pesar de que en el referéndum del 2016 ya la población se manifestara en contra de su reelección, que parecía vitalicia.

En su afán por mejorar la situación, unas horas antes, el presidente Morales convocó a nuevas elecciones tras una auditoría de la OEA que detectó «serias irregularidades» en los comicios, pero ésta medida ya no fue suficiente, el mismo pueblo le dijo no más.

Las Fuerzas Armadas y la Policía le solicitaron formalmente su renuncia, sumándose a un pedido de líderes opositores. «Luego de analizar la situación conflictiva interna, pedimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad, por el bien de nuestra Bolivia», dijo el general Kaliman ante la prensa.

El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, también dimitió. Y en medio de la ola de violencia, sus ministros y funcionarios fueron renunciado a sus cargos.

Los ánimos se exacerbaron tras el anuncio de los nuevos comicios y los opositores le pidieron la renuncia a Morales, no sin antes atacar la casa de Víctor Borda presidente de la Cámara de Diputados, en Potosí (suroeste) e incendiar la residencia del ministro de Minería, César Navarro, quienes presentaron de inmediato su renuncia. Ante los hechos, siguió la renuncia del ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez.

Y es que la corrupción parece ser un mal que no tiene cura y como lo dije antes, no se trata de ideologías, sino de seres que nada saben de ser incorruptibles.

En el caso de Bolivia, con respecto a las elecciones del 20 de octubre según la OEA, «en los cuatro elementos revisados (tecnología, cadena de custodia, integridad de las actas y proyecciones estadísticas) se encontraron irregularidades, que varían desde muy graves hasta indicativas». La Fiscalía General de Bolivia abrió luego una causa contra los siete miembros del Tribunal Supremo Electoral (TSE), afines al presidente Evo Morales, por su presunta responsabilidad en las irregularidades detectadas por la OEA.

De esta manera, la Organización de los Estados Americanos -OEA emitió un comunicado, que precisaba: «La primera ronda de las elecciones celebrada el 20 de octubre pasado debe ser anulada y el proceso electoral debe comenzar nuevamente (…) tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral».

Recordemos que Morales, en el poder desde 2006, había accedido a un cuarto mandato hasta 2025 en primera vuelta con el 47,08% de los votos y más de 10 puntos porcentuales por delante de Mesa (36,51%), según el cómputo oficial objetado por la oposición.

Por su parte, Cuba respaldó a su aliado Morales y llamó a condenar la «aventura golpista del imperialismo y la oligarquía» en Bolivia, según su cancillería.

Quedará en la memoria que las protestas posteriores a los comicios causaron tres muertes y al menos 383 heridos, según la Defensoría del Pueblo de ese país.

Además, los paros causaron pérdidas por unos 12 millones de dólares, según cifras oficiales.

Ojalá Bolivia se recupere después de tan fuertes días de conflicto, todo por la terquedad y deseos de poder perpetuo. Y Colombia se mire en espejos ajenos.