Por MARIO RAMIREZ ARBELAEZ

En medio de esta pandemia covid-19 creada para generar  pánico y efectos económicos de impredecibles consecuencias, además de que cobrara millones de vidas alrededor del mundo, no podemos olvidar y menos dejar pasar desapercibidos hechos políticos que afectan la región latinoamericana.

El 3 de mayo, los bolivianos regresarán a las urnas por segunda vez en menos de siete meses para elegir un presidente en reemplazo de Evo Morales, quien duró casi 14 años en el poder, pero que, tras una ola de protestas ciudadanas y denuncias de fraude en los comicios de octubre de 2019, renunció y se fue del país.

La presidenta encargada, Jeanine Áñez a quien como diputada le correspondió, por orden de sucesión, asumir la presidencia desde el 12 de noviembre, anunció desde el comienzo de su gestión que quería llevar al país a una elección en la que no participaría, pero el 24 de enero, cambio de parecer, dejo de ser imparcial y  notificó que se presentaría como candidata a los comicios.

Ahora como  candidata está tratando de eliminar el recuerdo de Evo Morales entre la población con dos fines: el primero, “porque es la manera de presentarse como alternativa válida y nueva, que, además, denuncia y acusa de narcotráfico y corrupción al gobierno anterior, y por otro lado es una manera de tratar de  mantener cohesionada a la opinión pública para que al evaluar negativamente a Morales no dude en votar por ella, a sabiendas de que es la candidata impuesta por los Estados Unidos.

Analistas han criticado este hecho y cuestionan el cambio de opinión de la presidenta encargada, que aprovecha su cuarto de hora para hacer proselitismo desde el gobierno provisional.

Y además, le achacan su intento de construir una candidatura sobre el desprestigio y la destrucción de la figura de Morales, dado que este mantiene altos niveles de popularidad.

Una investigación del MIT no encontró razón para sospechar de un posible  fraude en las elecciones presidenciales de Bolivia de octubre de 2019, en las que Evo Morales había reclamado la victoria.

El expresidente boliviano Evo Morales ganó con «alta probabilidad» sin cometer fraude los comicios presidenciales de octubre pasado, tras los cuales fue obligado a abandonar el poder por los militares, según un análisis estadístico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en inglés).

La OEA calificó de «cambio drástico y difícil de justificar» los resultados tras la interrupción y denunció «irregularidades» y «manipulaciones» que hacían imposible saber el margen real entre Morales y Carlos  Mesa.

La administración de Jeanine Áñez ha estado realizando un inventario de las obras, programas, subsidios y los compromisos que dejó acordados el gobierno de Morales con el objetivo de continuarlos o cancelarlos.

Morales gobernó durante más de una década en la que el país andino obtuvo logros económicos y sociales indudables, pero también fue cuestionado por su alianza con el socialismo del siglo XXI que el entonces presidente venezolano Hugo Chávez implantó en Venezuela.

Otros proyectos que al menos se suspendieron para analizar su viabilidad jurídica fueron los de desarrollo de energía nuclear para usos pacíficos como la salud. Morales hizo varios acuerdos con firmas de Rusia y Argentina por más de 350 millones de dólares. El argumento del gobierno de Áñez es que no pasaron el filtro parlamentario que requieren los contratos estatales en Bolivia.

La  intención de Áñez de borrar el recuerdo de Morales sí es una realidad, según el relator de las Naciones Unidas Diego García-Sayán, quien manifestó su preocupación por la “persecución política” a exfuncionarios de la era de Evo Morales en el país y el “uso de las instituciones judiciales y fiscales en Bolivia con fines políticos”.

Aprovechando la popularidad de Morales, el MAS designó a su exministro de Economía Luis Arce como candidato presidencial. Y así, todos los que se oponen al expresidente, de momento, buscan llegar solos a la cita en las urnas, pero con bajos números en las encuestas de intención de voto.

Al final estarán Arce, la presidenta Áñez, el expresidente Carlos Mesa y el dirigente Luis Fernando Camacho.

La situación más peligrosa, para la estabilidad democrática Boliviana,  puede ocurrir en el caso del fracaso de la candidata Jeanine  Añez por su falta de experiencia y capacidad para gobernar con autonomía , u otros opositores pro estadounidenses, quienes, si no hay vigilancia y observadores internacionales en las elecciones ,  podrían tomar medidas alternativas para presionar a la población indígena de Bolivia, y adoptar normas antidemocráticas , violando los derechos de la población ancestral Boliviana  . En la república no hay fuerzas militares poderosas y bien armadas, y tal confrontación tendrá un impacto negativo en todo el continente, agregando problemas a Colombia, tanto con los refugiados como con la inestabilidad general en la región.

Evo Morales  vive exiliado en Argentina y pretendía presentarse al Senado en los nuevos comicios programados para mayo, pero su candidatura fue inhabilitada por los nuevos miembros del Tribunal Supremo Electoral nombrados por Añez.

prensainternacional50@gmail.com