Expertos aseguran que el territorio emergió en los últimos años, por lo que no existía cuando Colombia y Perú definieron sus límites.
Tras una publicación del presidente Gustavo Petro en su cuenta de X sobre la supuesta apropiación por parte de Perú de territorio colombiano en la isla Santa Rosa, se ha venido incrementando la tensión del caso.
Algunos analistas consultados por BBC Mundo, como Sandra Borda, experta en relaciones internacionales de la Universidad de los Andes en Colombia, hacen énfasis en que la situación podría afectar a Leticia a tal punto de dejarla sin acceso al río Amazonas.
«Desconozco por qué decide sacar el tema ahora (Petro), porque es un asunto serio. Colombia corre el riesgo de que Leticia quede sin acceso al río, lo cual, estratégicamente, es fatal para el país».
Según explicaron, esa isla (Santa Rosa de Loreto) está ubicada en la región amazónica de Loreto, en donde también se encuentra la isla de Santa Rosa, próxima a la frontera entre Colombia, Perú y Brasil.
Isla Santa Rosa en el Amazonas: así viven 3.000 habitantes en esta población ubicada en la frontera entre Colombia, Brasil y Perú
La reciente disputa diplomática entre Colombia y Perú centró la atención sobre la isla Santa Rosa, un territorio amazónico donde la geografía, la identidad y el comercio moldean la vida diaria de sus habitantes
En el corazón de la Amazonía suramericana, donde las aguas del río más caudaloso del planeta difuminan las fronteras y reúnen tres banderas, la isla Santa Rosa de Yavarí se convirtió en un punto estratégico y de tensión diplomática.
Recientemente, las declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre la soberanía del territorio reavivaron una larga historia de disputas entre Colombia y Perú, y puso nuevamente en la agenda binacional un enclave habitado por alrededor de tres mil personas.
Santa Rosa emerge frente a Leticia, principal ciudad colombiana sobre el Amazonas, y Tabatinga, su vecina brasileña. La isla pertenece oficialmente a la provincia Mariscal Ramón Castilla, en el departamento de Loreto, Perú.
Su aislamiento geográfico, sumado a la variedad de culturas presentes y la dinámica de frontera, la han dotado de una singularidad que trasciende su relevancia política.
La presencia peruana en la isla se consolidó en 1974, cuatro años después de los primeros asentamientos.
En ese primer evento de soberanía, la bandera bicolor fue izada en ceremonias en las que también participaron ciudadanos brasileños, sin representación formal de Colombia, que históricamente reclamó la zona.
Un rito religioso selló esa apropiación simbólica: la Benemérita Guardia Civil llevó la imagen de Santa Rosa de Lima, cuya figura quedó ligada al nombre y al sentido de pertenencia del nuevo poblado.
A lo largo de las décadas, la isla fue escenario de reclamos fronterizos. Está situada en la llamada “triple frontera”, la confluencia entre Perú, Colombia y Brasil, motivo por el que su control y delimitación genera episodios cíclicos de tensión diplomática.
La reciente promulgación de la ley que crea el distrito de Santa Rosa de Loreto, por parte del Congreso peruano, y el refuerzo de autoridades en la zona, se interpretó como un paso más en la consolidación de soberanía, lo que generó declaraciones y protestas desde Bogotá.
Acceder a Santa Rosa implica recorrer cientos de kilómetros a través del río Amazonas. La ruta principal conecta desde Iquitos, capital de Loreto, y puede requerir entre 15 y 18 horas en ferry, en el territorio peruano, aunque los viajes en lanchas pequeñas pueden prolongarse hasta tres días si las condiciones climáticas son adversas.
El costo del boleto varía entre 80 y 250 soles, y las opciones más rápidas, como el viaje en hidroavión, están fuera del alcance de la mayoría de la población, que en su enorme mayoría posee ingresos bajos y escaso acceso a servicios básicos.
Sin embargo, si se viaja desde Colombia, la isla queda a menos de 10 minutos en lancha desde Leticia (capital del Amazonas).
En cuanto a la economía de la isla, esta depende fuertemente del comercio fluvial. Por su cercanía a Leticia y Tabatinga, los habitantes mantienen lazos cotidianos con ambas ciudades.
El intercambio de bienes es constante: arroz, pollo, azúcar, sal y aceite suelen llegar desde Brasil; otros productos, como huevos y vegetales, se transportan desde Iquitos.
En los comercios y mercados, circulan tres monedas: el sol peruano, el real brasileño y el peso colombiano, lo que genera desafíos diarios por las fluctuaciones y la diferencia de valores.
La gastronomía es uno de los atractivos identitarios de Santa Rosa. El turismo, aunque modesto, representa una fuente adicional de ingresos, especialmente para quienes ofrecen hospedaje, recorridos en bote y experiencias culinarias con platos típicos como tacacho, juane, cecina, inchicapi y ensalada de palmito. Según el Gobierno peruano, los visitantes también llegan motivados por la cultura nativa de los ticunas, presentes en la zona.

Sin embargo, si se viaja desde Colombia, la isla queda a menos de 10 minutos en lancha desde Leticia (capital del Amazonas).
En cuanto a la economía de la isla, esta depende fuertemente del comercio fluvial. Por su cercanía a Leticia y Tabatinga, los habitantes mantienen lazos cotidianos con ambas ciudades.
El intercambio de bienes es constante: arroz, pollo, azúcar, sal y aceite suelen llegar desde Brasil; otros productos, como huevos y vegetales, se transportan desde Iquitos.
En los comercios y mercados, circulan tres monedas: el sol peruano, el real brasileño y el peso colombiano, lo que genera desafíos diarios por las fluctuaciones y la diferencia de valores.
La gastronomía es uno de los atractivos identitarios de Santa Rosa. El turismo, aunque modesto, representa una fuente adicional de ingresos, especialmente para quienes ofrecen hospedaje, recorridos en bote y experiencias culinarias con platos típicos como tacacho, juane, cecina, inchicapi y ensalada de palmito. Según el Gobierno peruano, los visitantes también llegan motivados por la cultura nativa de los ticunas, presentes en la zona.
Sin embargo, si se viaja desde Colombia, la isla queda a menos de 10 minutos en lancha desde Leticia (capital del Amazonas).
En cuanto a la economía de la isla, esta depende fuertemente del comercio fluvial. Por su cercanía a Leticia y Tabatinga, los habitantes mantienen lazos cotidianos con ambas ciudades.
El intercambio de bienes es constante: arroz, pollo, azúcar, sal y aceite suelen llegar desde Brasil; otros productos, como huevos y vegetales, se transportan desde Iquitos.
En los comercios y mercados, circulan tres monedas: el sol peruano, el real brasileño y el peso colombiano, lo que genera desafíos diarios por las fluctuaciones y la diferencia de valores.
La gastronomía es uno de los atractivos identitarios de Santa Rosa. El turismo, aunque modesto, representa una fuente adicional de ingresos, especialmente para quienes ofrecen hospedaje, recorridos en bote y experiencias culinarias con platos típicos como tacacho, juane, cecina, inchicapi y ensalada de palmito. Según el Gobierno peruano, los visitantes también llegan motivados por la cultura nativa de los ticunas, presentes en la zona.
Sin embargo, si se viaja desde Colombia, la isla queda a menos de 10 minutos en lancha desde Leticia (capital del Amazonas).
En cuanto a la economía de la isla, esta depende fuertemente del comercio fluvial. Por su cercanía a Leticia y Tabatinga, los habitantes mantienen lazos cotidianos con ambas ciudades.
El intercambio de bienes es constante: arroz, pollo, azúcar, sal y aceite suelen llegar desde Brasil; otros productos, como huevos y vegetales, se transportan desde Iquitos.
En los comercios y mercados, circulan tres monedas: el sol peruano, el real brasileño y el peso colombiano, lo que genera desafíos diarios por las fluctuaciones y la diferencia de valores.
La gastronomía es uno de los atractivos identitarios de Santa Rosa. El turismo, aunque modesto, representa una fuente adicional de ingresos, especialmente para quienes ofrecen hospedaje, recorridos en bote y experiencias culinarias con platos típicos como tacacho, juane, cecina, inchicapi y ensalada de palmito. Según el Gobierno peruano, los visitantes también llegan motivados por la cultura nativa de los ticunas, presentes en la zona.


