Pot Gabriel Ortiz

Nadie entiende quién atropella más a los bogotanos: ¿la alcaldesa o el concejo? Esa la razón para que Claudia y los cuarenta y tantos concejales pierdan día a día la confianza de quienes los eligieron y de aquellos que no votaron por ellos.

Gran parte de la ciudadanía esperaba que la era Peñalosa hubiera terminado. Que ese afán de echarle mano a los cada vez más precarios ingresos de 8 millones hubiera terminado, como lo prometieron Claudia y los cuarenta y tantos. Pero la voracidad del anterior -ahora candidato- se ha desbordado.

Basta mirar el veneno que lleva el Pot, el cobro del pico y placa, que paraliza la ciudad, y demás ocurrencias de Claudia.

Anteriormente los bogotanos, luchaban por mejorar su situación para adquirir un automóvil para sus necesidades, para mitigar el alto costo de llevar los niños al colegio, para darse un paseíto dominical, o para mejorar su estatus.

Ahora es un suplicio poseer un auto, bajo la fobia de los Peñalosas, o de las Claudias. Ni el uno, ni la otra, descubrieron que la movilidad de cualquier urbe, se organiza construyendo vías adecuadas y tapando huecos. Desde Juan Martín Caicedo, no se construye una avenida racional, pensando en el futuro.

Soportamos las maltrechas vías de hace veinte años, con un endemoniado tráfico, repleto de motos y acosado por los llamados extranjeros (venecos) que asesinan para después robar. Las calles son cada vez son más estrechas, porque tuvieron que ceder espacio a las bicicletas, sin planificación alguna.

Son las mismas calles de siempre, lo que sucede es que hay más carros, motos, bicicletas y hampa congestionando. Esa la razón para que los vehículos tengan que estacionar en las repletas vías públicas.

El flamante Concejo y la imaginativa alcaldesa, se iluminaron y creyeron descubrir la más acertada solución: convertir a Bogotá en el más grande estacionamiento del mundo. “¡Es la economía estúpido!”, se dijo en la campaña de Clinton para calificar garrafal equivocación de su rival.

Cobrar entre 61 y 221 pesos el minuto por estacionar un automóvil, o entre 42 y 154 una moto, es apenas delirante, cuando el precio máximo de un parqueadero que responde por daños o pérdidas es de 105 pesos. Hay que advertir que en “Parqui-Claudia”, nadie responderá por nada. El Distrito será el administrador del negocio, pero en esta época electoral, lloverán los contratos -como los del Mintic- por el jugoso botín.

Vendrá, desde luego, la autorización de Claudia para elevar tarifas de los otros parqueaderos, para que el negocio sea redondo. No importa que la inseguridad, la pobreza, el desempleo, la pandemia y la salud en general, continúen carcomiendo la popularidad de una alcaldesa que llegó con otro tipo de propuestas, que entusiasmaron con delirio a quienes le dieron su voto.

BLANCO: El regreso de Duque con su costal de dinero.

NEGRO: Empezó Carrasquilla a pagar su nuevo puesto: Banrepública presta millones al gobierno. ¿Dinero electoral?    0 comment0