Por CARMELO CASTILLA Director del Portal POLITIKA
En la película Desde el jardín (1979), un jardinero sencillo termina aconsejando a los
líderes de Washington. Sus frases simples sobre la siembra, el clima y la cosecha son
interpretadas por los poderosos como grandes lecciones de economía y política.
De esta premisa nace la nueva columna de opinión de César Barrera Ávila, analista
político y económico. «Desde el Jardín» es una invitación a comprender la realidad
económica y política internacional a través de tres principios claros:
Ir a lo esencial: Sin tecnicismos innecesarios ni adornos. Al igual que en la tierra
todo depende de sembrar y cosechar, aquí se analizarán los mercados y la política
desde sus fundamentos reales.
Sin dejarnos engañar por los discursos: La retórica vacía y el espectáculo son un
fenómeno global. Este espacio busca desenmascarar las narrativas que no dicen
nada y cuestionar la superficialidad del debate contemporáneo.
Análisis sereno e independiente: Lejos del ruido mediático, la inmediatez y las
polarizaciones, «el jardín» representa un lugar de pausa para evaluar los eventos
globales y regionales con cabeza fría, rigor y pragmatismo.
Desde Premios Politika, les damos la bienvenida a este nuevo espacio: una mirada
honesta, serena y sin artificios sobre la coyuntura que nos rodea.
Progresismo radical en Francia y la amenaza cultural WOKE Por: César Barrera A.*

Francia Arde. Las feministas francesas han sido las más aguerridas y fundamentalistas de
todas. Desde hace 75 años comenzaron una carrera por no tener hijos, viéndolos como
una condena. En medio de la opulencia y la abundancia de recursos de la Europa de
aquella época, promovieron la mal llamada liberación femenina, el aborto como método
de planificación familiar y, en su soberbia, la inmigración como nueva fuente de mano de
obra. Todo esto para seguir disfrutando de la riqueza con trabajadores baratos, sin tener
que criar hijos ni pasar por el parto.
Detrás de este movimiento estaba el interés económico de incorporar a más mujeres al
círculo de productividad para recaudar más impuestos. Hay indicios de que tan solo entre
2015 y 2020, las organizaciones feministas en algunos países europeos habrían recibido
más de 2.000 millones de euros anuales para promover sus programas. De estos fondos,
nada le llegó a la mujer del común; sin embargo, las “lideresas” lograron posicionarse en
las esferas de poder, promover el progresismo por el mundo, dar paso a la era woke y
llenar a Europa de inmigración ilegal, como lo propusieron cómodamente al inicio. ¿Qué
industria recibió en el mundo estas ayudas, incluida la pandemia? —Ninguna—. La ayuda
que debía llegar por igual a todas las comunidades… bien, gracias.
Hoy en día, las principales ciudades europeas cuentan con gobernantes foráneos (también
Nueva York, sí, la del 9/11). Estos líderes se sostienen en el poder gracias a que cada vez
más inmigrantes y sus descendientes adquieren el derecho al voto con tan solo cruzar la
frontera. Votan por quienes les permitieron llegar.
A la par de esta dinámica, llegó la invasión del activismo musulmán —no de la religión en
sí, sino de su activismo político—. Mientras las sociedades locales redujeron su natalidad,
la población inmigrante experimentó un rápido crecimiento demográfico, poniendo en
serios aprietos el control social y político de Europa. Con ello, la democracia se hunde bajo
el mandato de gobiernos de izquierda cada vez más radicales, cobijados por una falsa
premisa moralista y populista. Eso es wokismo puro y duro.
El comunismo se acerca como un fantasma nocturno que todos ven, pero que pocos se
atreven a admitir. Países como Francia, el Reino Unido y España están ya en crisis de
identidad, mientras Portugal y otros tratan de controlar y contener el fenómeno; pero lo
incontenible parece inminente. El futuro se avizora cercano: la toma de Europa o el
estallido de graves revueltas. Francia y Alemania se rearman bajo el control de
progresistas radicales, mientras el Vaticano permanece en silencio y acomodándose, pues
la izquierda roba su mensaje y lo vuelve discurso para los pobres, una postura reflejo del
legado del papa Francisco y su cercanía con la izquierda.
Esta ola también ha llegado a América. Canadá se ha entregado a la migración sin que la
sociedad tome conciencia de ello. En el sur del continente, la invasión avanzó en
Argentina, Chile y Uruguay impulsada y promovida por la diáspora venezolana bajo los
regímenes de Chávez y Maduro: enviar pobres a los países y dinero a sus camaradas de
gobierno para que los reciban, de nuevo sin que el dinero llegue a la gente, contaminando
a la región con el sueño del socialismo del siglo XXI. Ya sabemos lo que ocurrió en
Venezuela y la platica que regaló Chávez.
El remate de este ciclo en Colombia ha sido el paso de Gustavo Petro por la presidencia, el
deterioro de las instituciones, la falsa «paz total» que en verdad fue mecanismo de toma del poder revolucionario y el impacto negativo al sector productivo y al liderazgo regional.
Sus consecuencias apenas comienzan a mostrarse; tardaremos años en dimensionarlas
todas y mucho más en curarlas. «Libertad y orden, o mejor: Orden para la Libertad».
En América Latina, la invasión es, por ahora, ideológica, populista y extremadamente
mitómana. Su objetivo es acabar con la iniciativa privada para generar ciudadanos
dependientes de Estados que resultan fiscalmente inviables. Lo que viene en Colombia es
menos asistencialismo y más productivismo. No será fácil, pero debe ser así.
En estas consideraciones, los invito a reflexionar. Observen bien a dónde mandan a educar
a sus hijos; tanto las universidades públicas como las instituciones privadas más
prestigiosas se han llenado de la ideología woke. Mire a su alrededor y examine a los
profesores de la universidad que con tanto esfuerzo paga, para que su hijo salga a
producir y progresar, no a convertirse en un militante progresista.
Nos hicieron creer que a los hijos no se les puede llevar la contraria, que pertenecen al
Estado y que nuestro rol como padres se limita a proveer sin opinar. Miren a dónde nos ha
llevado esa complacencia: la cultura woke arrasa con los valores fundamentales y el
progresismo se consolida como la mayor mentira política de nuestro tiempo, hermana
gemela al final del comunismo que ya ha castigado al mundo. No cedamos el control. La
recomendación es clara y urgente: recuperemos el liderazgo en el hogar, cuestionemos la
formación que reciben en las aulas y ejerzamos de nuevo el derecho a educar y guiar a
nuestros hijos antes de que sea demasiado tarde.
- Cesar Barrera: Analista y Consultor empresarial con amplia trayectoria en el sector públicoy empresarial.Aquí publica su columna como analista político y económico.


