Tienen entre 1 año y medio y 2, y son la generación de bebés que nacieron poco antes de la cuarentena. Crecieron con menos estímulos y muchos desarrollaron irritación y miedo a lo desconocido. Expertos en psicología de la primera infancia y pediatría brindan claves para ayudar a padres e hijos

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Por Agustín Gallardo 4 de Abril de 2021


Cuando se decretó la cuarentena, Emilia Martínez apenas había cumplido un año. Su madre, Daniela, había tomado un año de licencia para aprovechar al máximo el tiempo junto a su hija antes de volver a su vida laboral. En diciembre de 2019, comenzó a ir la niñera para hacer la adaptación y en enero ella se reincorporó al trabajo.

Pero llegó marzo de 2020 y, con él, la versión primera y más cruda del aislamiento social. Fue recién en octubre cuando comenzaron a flexibilizarse los permisos. Hasta ese momento, el mundo de Emilia era su madre, su padre y las cuatro paredes de la casa.

“Cuando esporádicamente íbamos a visitar a la familia, Emi estaba muy asustada de ver otras personas, en definitiva, para ella todos volvieron a ser extraños después de tanto tiempo de aislamiento y pocos recuerdos de momentos previos compartidos. El apego hacia nosotros era muy fuerte y no podía quedarse en un espacio desconocido sin nuestra presencia, pedía mucho upa y no confiaba prácticamente en nadie”, cuenta Daniela a Infobae.

Daniela es una mamá más, como tantas, que tuvo atravesar la cuarentena -en su caso- con una niña chiquita, que se perdió un montón de experiencias y un cúmulo de situaciones de sociabilización no aptas en ese mundo de encierro que nos planteó el comienzo de esta pandemia. Y, en el medio de todo, los famosos “terribles 2”, una edad donde aún los chicos no pueden expresarse del todo y eso les genera mayor dependencia hacia los adultos.

Los “pandemials”, o también llamados “cuarentenials”, son los niños y niñas que nacieron en la segunda parte de 2019 y que atrevesaron su primer año de vida en medio del encierro en 2020. En este 2021, están cumpliendo dos años o ya los cumplieron. Muchos de ellos, presentan un mismo patrón emocional, según pudo saber Infobae, luego de consultar a varios especialistas del campo de la psicología infantil y la pediatría que los vienen tratando

En diálogo con este medio, la doctora Teresa Torralva, doctora en Neurociencias, directora de Neuropsicología de INECO y presidenta de Fundación INECO, había expresado al comienzo de la cuarentena: “No es fácil para nadie adaptarse a esta época de cambios tan marcados. En menos de un mes, pasamos de conocer vagamente la existencia del coronavirus en algún lugar remoto del planeta, a estar todos en aislamiento obligatorio, encerrados en nuestros hogares, sobreinformados y con un torbellino de nuevas emociones. Lo cierto es que el coronavirus nos ha atravesado a todos y nos ha dado vuelta nuestra rutina dejándola patas para arriba”.

Irritación, ansiedad, mal comportamiento y miedo exacerbado a los extrañosLa vida emocional del bebé va creciendo en la continuidad de la presencia, disponibilidad, empatía y seguridad que proveen sus cuidadores y el grupo que los rodea (Shutterstock)La vida emocional del bebé va creciendo en la continuidad de la presencia, disponibilidad, empatía y seguridad que proveen sus cuidadores y el grupo que los rodea (Shutterstock)

Silvana Vivaspsicopedagoga, miembro del programa de seguimiento de alto riesgo del hospital materno infantil Ramón Sardá, pone en contexto la situación actual de niños y niñas: “Desde que pasamos de ASPO a la DISPO y en octubre de la año pasado pudimos los profesionales comenzar a hacer una evaluación del desarrollo y el aprendizaje en niños pequeños, me refiero a la primera infancia de 0 a 5 años, empezamos a observar esta conducta que se sucedía muy rara vez antes. Notamos un cambio muy interesante cuando volvimos a la presencialidad, en octubre, con el aumento de casos muy diversos y muy complejos, entre ellos, aquellos que nacieron en el segundo semestre de 2019 y que, justo en el inicio de la pandemia, tuvieron su período de desarrollo entre el año y medio y los dos”.

Josefina Finzi, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Latinoamericana de Observación de Bebés (ALOBB), explica: “En los primeros meses del primer año se gesta la base del vínculo mamá- papá-bebé. La vida emocional del bebé va creciendo en la continuidad de la presencia, disponibilidad, empatía y seguridad que proveen sus cuidadores y el grupo que los rodea: abuelos, tíos, amigos. Nos preocupa en algunos casos el desarrollo emocional de los bebés nacidos en pandemia, dada la particular situación de vida del grupo de familia donde el aislamiento emocional, producto del encierro físico, pueda haber alterado los sentimientos y deseos sinceros de ser padres atentos”.

Es que el confinamiento en la casa presentó una gran cantidad de desafíos para las familias que, de la noche a la mañana, se vieron obligadas a pasar semanas enteras bajo un mismo techo.

El temor y la ansiedad con respecto a una enfermedad resultaron ser agobiantes y generaron emociones fuertes, no solo en los niños, sino en adultos: los padres experimentaron un cambio repentino en sus vidas y rutinas, a la par de equilibrar a los niños que permanecieron en la casa tiempo completo.

Un estudio llevado a cabo por Save the Children, en el que se entrevistaron a más de 6.000 niños, niñas y familias en Alemania, Finlandia, España, Estados Unidos y el Reino Unido, puso de manifiesto que uno de cada cuatro niños sufrió ansiedad por el aislamiento social derivado del coronavirus, y que “muchos de ellos” corren el riesgo de padecer trastornos psicológicos permanentes, incluida la depresión.

Me da miedo el abueloIrritabilidad, ansiedad y angustia fueron consecuencia directa del encierro (Shutterstock)Irritabilidad, ansiedad y angustia fueron consecuencia directa del encierro (Shutterstock)

Estos niños, que hoy ya tienen más de dos años, han tenido menos socialbilización que otros, y eso hizo que, en el último tiempo, hayan manifestado ciertos síntomas, sobre todo irritabilidad, ansiedad y angustia, consecuencia directa del encierro. “No han podido salir tanto a la calle, han estado siempre en el mismo lugar, todos los días, con las mismas personas, no vieron otras caras, no vieron otros bebés”, grafica Felisa Lambersky de Widder,médica pediatra y psicoanalista especialista en niños y adolescentes, miembro de APA.

La observación de estos bebés llamó la atención de los especialistas, porque mostraron distintos rasgos de sufrimientos. “Como la continuidad en los llantos, que no se calman, la alteración en el sueño, la dificultad en separase y dificultad en la alimentación son indicadores para conversar con los papás. Necesitaron darse cuenta de cuáles son sus propias actitudes para cambiar y despertar la confianza de sus bebés, y de ellos mismos para sostener la crianza”, explica Finzi.

El miedo a los extraños fue, sin dudas, uno de los patrones que más vivieron estos niños y niñas. En este caso, tanto un señor en la calle como un abuelo ocuparon el mismo lugar. “Hay que entender que estos niños estuvieron solo con sus papás, a lo sumo con algún hermanito. No salieron y vieron a alguien en el pasillo del departamento, a un vecinos o una niñera. No fueron a la plaza, no vieron gente caminando por la calle, como tampoco a sus abuelos, primos y tíos. Esto hizo que desarrollen su mundo de objetos y conocimiento de forma bastante reducida”, dice Vivas en la misma línea.

Y agrega: “Cuando los niños comenzaron a salir a ver que existen otros chicos, otras personas que son extraños, estas personas extrañas eran también sus parientes directos como abuelos o abuelas. Obviamente que, al no conocerlos y no interactuar con ellos, se produjo una primera reacción de temor, de no querer jugar o sociabilizar. Al no haber podido desarrollar en este periodo de aislamiento habilidades de interacción con otras personas, no tenían herramientas con las cuales poder disfrutar de un acercamiento con otras personas”.Luego de varios meses de encierro, muchos niños y niñas de esta generación de chicos tuvo miedo al salir a una plaza por primera vezLuego de varios meses de encierro, muchos niños y niñas de esta generación de chicos tuvo miedo al salir a una plaza por primera vez

Para Lambersky de Widder, “lo más importante de todo esto es la relación madre e hijo porque uno sabe que una buena relación del niño con la madre se construye con una madre tranquila, que no tenga demasiados sobresaltos, que no viva las cosas con angustia. Eso trasmite tranquilidad a su hijo”.

La evidencia en la consulta pediátrica post cuarentena

Todas estas manifestaciones, dicen los especialistas, se observaron mucho en la consulta pediátrica: no todos los niños querían ser evaluados por el pediatra. “Muchos pediatras tuvieron dificultades para evaluarlos clínicamente, los niños apenas ingresaban mostraban resistencia y llanto todo el tiempo. Ni con juegos, ni con juguetes lográbamos captarlos como para poder intentar que ellos se relajen y disfruten de esa situación que para ellos era tan extraña y tan diversaEra un especie de bombardeo de nuevos estímulos con los que no podían lidiar porque sencillamente no tenían las herramientas”, rememora Vivas.

Otra conducta que se vio luego de la irritabilidad fueron ciertas descargas de agresión y gritos desenfrenados de la nada. Esto sucedió en las casas y el consultorio. “Vimos reacciones muy exageradas como de ni siquiera querer tocar a las otras personas. Ni permitir que las otras personas se acerquen para tocarlos. No mirar directamente, evitaban la mirada a otras personas. Esto fue muy complejo para los papás”, cuenta Rivas.

Según la piscopedagoga, de 10 consultas que recibía de niños de entre 18 a 24 meses, 8 chicos presentaban retraso en el desarrollo de las habilidades lingüísticas. “Este es un dato preocupante porque se espera que, cerca de los dos años, los niños digan varias palabras, incluso unan dos o tres para elaborar un concepto. Los niños al no tener palabras para trasmitir, justamente lo que generaban es que estas conductas fueran en aumento. Al perder esta posibilidad de hablar, de expresar pensamientos y sentimientos, lo expresaban en el cuerpo”, dice la especialista."Ningún niño va a poder resolver en dos o tres semanas algo que se le quitó en 9 meses", explica la psicopedagoga Silvana Vivas (Shutterstock)«Ningún niño va a poder resolver en dos o tres semanas algo que se le quitó en 9 meses», explica la psicopedagoga Silvana Vivas (Shutterstock)

Qué hacer después de la tormenta

La paciencia es sin duda la llave para resolver todas estas cuestiones. Y no la tiene otra persona más que el padre o la madre.

“Hubo una serie de circunstancias que hicieron a la totalidad del conflicto, que implican un desarrollo diferente a los tiempos normales. Por eso, es muy difícil resolver el tema desde los padres, si ellos están angustiados. El entorno que vive el niño es importante para su conducta”, explica Widder.

Ningún niño va a poder resolver en dos o tres semanas algo que se le quitó en 9 meses. Estos aprendizajes van a darse lentamente y de forma dosificada. Empezamos a sugerir, por ejemplo, ir a hacer los mandados junto a los más pequeños, con las medidas de precauciones correspondientes, pero viendo a la gente y otros entornos y espacios, caras y personas. Poder visitar, con las medidas, a los abuelos y tíos, siempre mejor en pequeños grupos. Y en especial si están al aire libre”, dice Vivas.ILUSTRACIÓN - En las fases difíciles, en busca de mayor autonomía, los niños prueban sus propios límites y también los de sus padres. Foto: Silvia Marks/dpa - ATENCIÓN: Sólo para uso editorial con el texto adjuntoILUSTRACIÓN – En las fases difíciles, en busca de mayor autonomía, los niños prueban sus propios límites y también los de sus padres. Foto: Silvia Marks/dpa – ATENCIÓN: Sólo para uso editorial con el texto adjunto

Muchos niños han resuelto parte del problema yendo al jardín. “Los jardines están trabajando con burbujas reducidas. Siempre poquito es mejor que nada. Poder ir dos o tres horas, o dos o tres veces por semana, ayuda un montón. Esto resultó saludable y efectivo luego de la situación que vivieron. Ahí tienen posibilidad de recibir nuevas experiencias tanto con objetos como con personas”, dice Vivas.

Pero hay otras opciones no tan conocidas: ir con una profesional que tenga experiencia en primera infancia, puede ser en consultorios donde se genere un espacio para los chicos y que puedan asistir dos o tres veces por semana. Sí, como si fuera un jardín. Así lo plantea Vivas: “Allí se pueden establecer actividades lúdicas acordes a la edad, donde los chicos mantiene el estímulo del juego y desarrollo de habilidades sociales y sensoriomotrices. Esto viene a cubrir un poco la ausencia del jardín, de no poder asistir. Trabajamos como si fuera un jardín reducido. Esto es una interesante opción para el que le tiene miedo al jardín, donde pueden estar más expuestos al ser muchos. Los papás tienen que decidir de acuerdo a su realidad. Lo importante acá es que los chicos no pueden volver a estar encerrados sin contacto con el mundo”, dice la especialista.

Emilia de regreso al mundoLos especialistas dicen que los padres deben elegir la modalidad que deseen para que sus hijos vuelvan a estar en contacto con el mundoLos especialistas dicen que los padres deben elegir la modalidad que deseen para que sus hijos vuelvan a estar en contacto con el mundo

La salud mental es resultado de la experiencia de vida amorosa. La prevención de alteraciones en los niños depende de esta crianza atenta y acompañada.

En eso está Daniela con su pequeña Emilia que hace solo un mes empezó sala de 2, una experiencia fundamental para su desarrollo emocional. “Costó un poco al principio, pero ya, por suerte ,se queda contenta y sin llorar. Aún tiene un apego fuerte a nosotros y se angustia si no estamos en un mismo ambiente”, dice su madre al borde de la emoción.

Fueron muchos cambios juntos y un contexto muy complicado. “Esperemos que paulatinamente podamos volver a una interacción más libre, pero mientras tanto todos deberemos aprender a adaptarnos a esta nueva normalidad”, finaliza Daniela.

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