Por: Ulahy Beltrán López[1]

“Por favor, quédense en casa”, así fue el pedido que le hizo la canciller alemana Angela Merkel a sus conciudadanos el fin de semana que acaba de pasar, instándolos a permanecer en sus domicilios y así evitar viajar en la medida de lo posible ante el nuevo repunte del coronavirus en ese país.

Merkel dijo esto justo cuando Alemania registró este sábado 7.830 nuevos contagios de covid-19, lo que representa un nuevo máximo por tercer día consecutivo en ese país, según las cifras del Instituto Robert Koch (RKI), la autoridad nacional en enfermedades infecciosas.

Fue enfática la canciller germana en reiterar que son los habitantes de ese país quienes al final deciden qué pasará en el inmediato futuro con respecto a no saturar nuevamente los hospitales con pacientes con coronavirus, a detener y si es posible revertir la tendencia de infecciones por este virus que en los últimos días se está incrementando y que si bien limitar los desplazamientos y encuentros fuera de los núcleos familiares por más tiempo implica un importante esfuerzo extra de cada habitante de Alemania, no hacerlo afectaría la capacidad hospitalaria, perturbaría y alejaría aún más el regreso pleno a la actividad presencial educativa y pondría en grave riesgo la economía y el empleo. En síntesis, la advertencia de Merkel a los alemanes traduce que limitar al máximo su vida social, significará la mejor estrategia para su propia protección como individuos y la de la misma nación alemana.

De manera simultánea con estas nuevas medidas que está planteando el gobierno alemán para frenar la segunda ola del coronavirus, se han adoptado en Europa otras estrategias como el toque de queda iniciado el fin de semana en ocho ciudades francesas, las restricciones que nuevamente están vigentes en algunas ciudades y regiones españolas como Madrid especialmente, y el anuncio de Italia de cerrar los sitios concurridos en algunas de sus ciudades como intento de frenar al avance del covid-19. Es que no se puede perder de vista que en estos momentos el mundo está rozando la cifra de los 40 millones de casos de coronavirus, y esa no es una cifra menor.

Mientras eso ocurre en Europa, nosotros en cambio en Colombia nos movimos el fin de semana entre “covid-fiestas” (unas interrumpidas por las autoridades y otras que no pudieron serlo) y las aglomeraciones sin ningún respeto a las medidas de protección y autocuidado ni siquiera las de distanciamiento social para evitar la propagación del coronavirus durante la realización de las pruebas SABER en algunas ciudades en las que las autoridades territoriales denunciaron que el mismo ICFES no ejecutó el protocolo de bioseguridad de manera adecuada. Los registros en los medios y en las diferentes redes sociales evidencian que en algunos sitios del país hubo filas largas de jóvenes con tapabocas pero que no guardaron el distanciamiento social para ingresar a los salones y realizar la prueba, demostrándose también pésima logística para la realización de estas pruebas, además de innegable improvisación de un evento estatal que evidenció irresponsabilidad en plena pandemia al exponer a estos jóvenes con inclusive ausencia total de autoridades.  

Y el escenario en nuestro país se vuelve más preocupante cuando además de las anteriores dos circunstancias “pro-covid”, se considera el grave problema de salud pública derivado de la minga indígena que está atravesando el país y la potencial masificación del contagio por los diez mil marchantes, al no manejar adecuadamente los protocolos de bioseguridad (distanciamiento social, uso adecuado del tapabocas y lavado constante de manos), permitiendo que el virus circule sin control por entre ellos y donde ellos vayan llegando.

Sin cuestionar la legitimidad de los reclamos y las pretensiones de los indígenas, nunca el derecho a la protesta está por encima de los derechos a la salud y a la vida de la población y no debe olvidarse que la epidemia no se ha ido sino que está plenamente vigente y por eso Colombia sigue en estado de emergencia sanitaria, quedando aún prohibidas las aglomeraciones de más de cincuenta personas, precisamente porque se está procurando disminuir la propagación del virus y una marcha de diez mil personas justamente consigue es lo contrario, su dispersión y con ella, el aumento de los contagios.

En síntesis, hoy más que nunca la advertencia del fin de semana que le dio Angela Merkel a los alemanes también aplica a Colombia: desistamos de los viajes que no son necesarios, evitemos las celebraciones que no son imprescindibles, respetemos la distancia, usemos adecuadamente el tapaboca, lavémonos las manos con agua y jabón, desinfectemos las superficies de contacto y ventilemos los espacios cerrados…como dijo ella: “¡Quédense en casa, en el sitio donde viven, siempre que sea posible!». Nosotros y más nadie somos los que decidimos si vamos a encontrar al virus y lo propagamos, o si nos protegemos y ayudamos a frenar el avance del covid-19 en nuestra comunidad, nuestro barrio, nuestra ciudad y nuestro país…nadie más decide por nosotros.


[1] Es: Médico Cirujano, Especialista en Gerencia de Servicios de Salud y Especialista en Seguridad Social Latinoamericana. Ha sido: Vicepresidente de la Junta Directiva Nacional de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Consejero Nacional, Departamental (Atlántico) y Distrital (Barranquilla), de Seguridad Social en Salud, miembro de juntas directivas de IPS privadas y de empresas sociales del estado, asesor en salud de la Contraloría General de la República, docente universitario, columnista en medios impresos y virtuales, consultor y asesor en servicios en salud, gerente del Hospital Universitario CARI ESE.