Por Lola Portela

“A otro perro con ese hueso”, como diría, en este caso, mi vieja Lola, pues además de una manifestación o protesta contra la Reforma Tributaria vimos un enorme “odio ideológico”, especialmente en muchos jóvenes.

Ojalá el Gobierno y las autoridades le presten la atención debida al tema.

Me preocupa mucho esta situación en Colombia contra la prensa y contra las mismas autoridades, porque lo visto en ese comportamiento, no fue de manifestantes contra una Reforma Tributaria.

Sin duda, muestran un odio basado en la intolerancia que va desde la destrucción de lo material y puede llegar hasta el crimen.

Lo veo como una animadversión extrema alimentada, intencionalmente, por múltiples factores que construyen este tipo de conductas agresivas y es lo que me preocupa, porque niegan el valor humano (dignidad) del prójimo.

Los ataques a la policía nacional durante la mal llamada “manifestación contra la reforma tributaria” y los daños a edificaciones y bienes privados y públicos son actos terroristas.

No fue simplemente un pueblo inconforme. Esos ciudadanos marcharon en paz e incluso se dieron a la tarea de devolver lo robado, por los ladrones de turno. Detrás de esto, vimos también el modelo de las guerrillas urbanas de FARC y el ELN.

Las imágenes muestran el mismo formato que vivimos y registramos, durante años, en sus ataques a las infraestructuras y las instituciones del país.

Colombia necesita con urgencia una reforma, pero en su manera de aplicar justicia contra “los borregos” que obedecen órdenes de quienes persisten en desestabilizar aún más el país.

Es urgente desenmascarar a los terroristas, vengan de donde vengan. Sean de cuello blanco, estén en el monte o en sus guaridas desde la misma ciudad dirigiendo esto.

Lo que se vivió es un “odio ideológico” que se ha comprobado, a través del cubrimiento periodístico de los crímenes de diversa orientación ideológica en otros países. Reviví las marchas en El Salvador, me sentí en las “protestas en el Perú”. Y esto nos debe preocupar, como colegas, y ocupar a quienes les corresponde investigar a fondo.

Este mal social es como el cáncer, es necesario extirpar de raíz el tumor y a tiempo.

Creo que es el momento de demostrar y visibilizar, como lo hizo la Fiscalía, que en Colombia sí hay inteligencia.

Sin embargo, nada sacamos si no contamos con leyes, y lugares como “un Guantánamo” que castiguen éste tipo de delitos terroristas, pues no sólo destruyen la ciudad, sino que en este caso hasta pretenden amedrentar a la prensa, para amordazar la verdad, desde la libertad de expresión.