Por: Víctor G Ricardo

 Los Narcocultivos  además de ser una actividad ilegal es un problema social y por eso es esencial que sea un tema prioritario para resolver, no solo por la acción de Estado sino   en el  marco de las negociaciones de La Habana. Pienso que estos no lograremos erradicarlos totalmente ni con fumigaciones que era la política por muchos años llevada a cabo, ni con la acción de la fuerza.

El narcocultivo además de ser un problema judicial es un problema social, derivado de la miseria de los miles de campesinos dedicados a esa actividad, arruinados por las equivocaciones de las políticas agrarias. Los países  desarrollados tienen que ser conscientes que Colombia necesita de su ayuda que nos permitan hacer grandes  inversiones en el campo social, en el sector agropecuario y en la infraestructura regional, para ofrecerles a nuestros campesinos habitantes de estas zonas y en la gran mayoría también en zonas de conflicto armado, alternativas diferentes a los cultivos ilícitos. Esta colaboración seria un gran aporte a la obtención de la paz de  Colombia.

Esta tarea acompañada de una reforma agraria integral, que vaya más allá del simple criterio distributivo de la tierra, que ayude a los campesinos con centros de acopio, seguros de cosecha, transporte y valor agregado local, contribuirá a crear una industria alimentaria capaz de competir eficientemente en los mercados. Por ello es indispensable para afrontar con éxito el tema de los Narcocultivos y de todas sus implicaciones, llegar a una solución de nuestro conflicto interno. Y hablando de la negociación de nuestro conflicto interno quiero insistir, aunque sea repetitivo, en que la Paz tiene que ser una política de Estado y por tanto debe ser un proceso donde quepamos todos.

Por tanto debe ser un proyecto nacional para mover la voluntad colectiva donde los que señalan que son parte del problema pasen a ser una parte de la solución. Ahora estamos  seriamente preocupados por los síntomas de desaceleración de la economía, los índices de inseguridad ciudadana  y de la revaluación del dólar frente al peso colombiano. Por eso añoramos que la recuperación de la concordia y el establecimiento de una convivencia civilizada lleguen pronto con los acuerdos de La Habana y que la socialización de los mismos se haga de manera amplia para que sea todo el pueblo colombiano quien los refrende.

Todos los colombianos queremos la paz y uno observa que respaldan las acciones para poner fin al conflicto en acuerdos enmarcados prioritariamente  en la verdad y justicia y asi mismo juzgan fundamental el fortalecimiento de las instituciones encargadas de asegurar una justicia oportuna, frente a todas las formas de delincuencia y el incremento de la corrupción.  Por eso aspiramos a que con prontitud podamos participar en el marco de la democracia y del compromiso del Gobierno en la consulta de los acuerdos.