Por Fernando Álvarez

Con malabarismo intelectual y poético Gustavo Petro en la Aasamblea de la ONU acusa a los ricos y poderosos y defiende la coca como en sus mejores tiempos lo hacía el narcotraficante Carlos Ledher

El discurso veinteseptembrero de Gustavo Petro en la ONU no sorprendió a nadie. Un discurso antiimperialista mimetizado en una perorata ambientalista. Una diatriba contra los poderosos como causantes de las desgracias universales y un vehemente llamado a los latinoamericanos a hacer un frente común contra el poder y el dinero, principalmente el de los amos del norte. Sorprendió un poco la combinación macondiana de realismo y magia. Afirmó algo que muchos economistas y estudiosos vienen diciendo desde hace rato categóricamente, que la lucha contra la droga ha fracasado, pero en una especie de salto mortal salió en defensa del cultivo de coca como si se tratara de una planta sagrada. Combatir los cultivos de coca lo considera innecesario e injusto porque es una planta ancestral y selvática que absorbe el CO2. Como por arte de magia en su discurso la hoja de coca dejó de ser un componente clave para el criminal negocio de su procesamiento y distribución como alucinógeno. Culpó sin ningun recato a los norteamericanos como causantes del narcotráfico y apelando a recursos medio freudianos afirmó que los gringos disfrazan sus cien años de soledad con medidas represivas contra el tráfico de drogas.

Pretendió cautivar con algunos destellos poéticos como si quisiera emular a Belisario Betancur cuando contó que sus pies se reventaban porque no tenía alpargatas para ir a la escuela y se presentó como si viniera de la tierra del olvido, “Vengo de un país de belleza ensangrentada”, dijo, al tiempo que trataba de sensibilizar con la idea de que somos el país en el que corren los torrentes de sangre en la lucha contra la droga mientras los americanos en sus clubes nocturnos, despues de algunas copás, se sienten inspirados con cocaina y otras sustancias. Con un pretexto sui generis en defensa de la selva y la planta de la coca termina defendiendo la cocaina y pretende en su speech encontrar el muerto aguas arriba del amazonas. Pero bien arrriba. Los culpables de la deforestación de la selva son los americanos y no los narcotraficantes, los culpables de los cultivos desmedidos son los americanos y no la mafia. Y por rociar el glifosato para combatirlos, pues los culpables los americaaaaanos. Los culpables del consumo, los americanos. Los jovenes gringos consumen coca por la ansiedad que produce una sociedad adicta al petróleo y al carbón, los cuales son el verdadero veneno. Señores americanos no la emprendan contra una matica inocente. Señores del norte dejen de consumir petroleo y carbón y dejen que la coca florezca, fue el mensaje explícito de Petro en la ONU al calor de una pretendida claridad sobre los males de la humanidad en la que la culpa es de los ricos.

En un rimbombante discurso que en ocasiones parecía inspirado en Foucault, en el que habló de la adicción al dinero de los poderosos, intentó mostrar a los americanos que consumen coca para anestesiarse como los enemigos de la selva. Reprocha que persigan la selva porque esta desparece por la guerra contra la droga. “Mi país solo les interesa para arrojarle veneno, para matarle su selva y extraer su carbón y su petróleo”, dijo en tono lastimero mientras acusaba de hipocritas a quienes según él persiguen la selva para ocultar su consumo, su poder y su dinero. En un claro concepto en el que ya no es el modelo económico el que hay que cambiar, sino el modo de vida capitalista, afirmó que el carbón y el petroleo extinguirá a toda la humanidad mientras que para calmar su adicción al consumo y al dinero esta sociedad persigue la cocaína que causa unas pocas muertes por sobredosis. “No es la selva la culpable, es su sociedad educada en el consumo sin fin. En la confusión estúpida entre consumo y felicidad”. Su conclusión es que la coca no se debe perseguir porque han metido presos a millones de latinos y de negros “para ocultar sus propias culpas sociales”. Según Petro se acabará el consumo de droga cuando haya menos ganancias, no con la irracionalidad del poder mundial. Cuando se acabe la artificial convocatoria a la competencia, que es el origen del consumo.

Les cantó la tabla a los americanos como lo hizo Piero hace medio siglo pero no levantó aplausos en la Asamblea de las Naciones Unidas como lo logró Belisario Betancur cuando definió a Colombia como “una potencia moral”. No sensibilizó como lo hizo Pepe Mujica hablando del consumismo y de valores humanistas invertidos por el capitalismo salvaje. Tampocó asustó como lo hicieron en su momento Fidel Castro y el Che Guevara. Pero levantó aplausos en Colombia en varios sectores, los antiimperialistas de la izquierda típica, los prolegalización de las drogas, los cultivadores de coca, los narcotraficantes y hasta en los que luchan porque se pueda renegociar la deuda externa. Con algo de acierto afirma la excandidata Ingrid Betancur que “el problema no es si tiene razón o no, sino cuáles son los aliados que ha escogido”, porque según ella, Petro se echó al mundo encima al sentarse en el mismo banco de los mafiosos. Lo cierto es que con suficiente aire de conocimiemto y nivel de intelectualidad habló del mercado Frankestein, el asalto a la razón, las luces del siglo y el fin de la historia en un enfoque ecológico y socialista que no dejó pasar inadvertido que el discurso libertario de la coca y contra el poder yanqui ya había sido escuchado antes en Colombia. En algo hizo recordar a Carlos Ledher Rivas cuando decía que “la marihuana es la droga del pueblo”, mientras la cocaína estaba ahí para “sacarles el dinero a los ricos y destruir la decadente sociedad estadounidense”.

Y no es sino repasar las ideas del entonces gran capo colombiano, uno de los primeros extraditados a los Estados Unidos, Carlos Ledher, quien fundó a comienzos de la década de los ochenta el Movimiento Latino Nacional con consignas que hoy suscribiría perfectamente el presidente Gustavo Petro. Este movimiento político de Lehder fustigaba a la clase política tradicional con incendiarios discursos y su programa se resumía en unos puntos básicos como la lucha contra la extradición, la nacionalización de la banca, una central única de trabajadores, la reconquista del Caquetá mediante la erradicación de la guerrilla, la legalización de la dosis personal de marihuana para cada colombiano, finca sin cuota inicial, respaldo a la política de ingreso a los No-Alineados, la creación de un ejército latinoamericano y el combate sin cuartel tanto al imperialismo como al comunismo. “La cocaína y la marihuana se han convertido en un arma revolucionaria contra el imperialismo norteamericano. El talón de Aquiles del imperio son los estimulantes colombianos. Por eso la persecución contra nosotros no es jurídica, sino política”, decía Ledher, quien además ofrecía pagar la deuda externa y Petro propone que la canjeen por vida de la selva. Ledher era admirador de Hitler y Petro no esconde su admiración por Putín, que es la versión moderna de Stalin.

Quizas Petro no estaría de acuerdo con recuperar el Caquetá de la guerrilla ni en combatir sin cuartel al comunismo, pero en lo demás todo se parece. Ledher se declaraba admirador de John Lenon y le hizo una estatua en Armenia. Petro dice que la canción que más admira es Imagine del legendario cantautor de los Beatles. Es probable que no coincida con la frase que repetía el narco extraditado cuando decía que “el terrorismo es la bomba atómica de los pobres”, pero de alguna manera tiene cierta neutralidad benévola con los terroristas. De hecho, es de los que considera que Santrich fue una víctima y no un victimario y que los asaltantes de los CAI y los transmilenios no deben verse como vándalos sino como jóvenes en su legítimo derecho a la protesta. Acusa a los capitalistas de romper el encanto con el terror pero ignora a los terroristas que irrumpen la paz ciudadana con su actos genocidas. En esas selvas que los gringos están matando, según Petro, no han existido crímenes por parte de las FARC ni de los narcotraficantes. Lo curioso es que la prensa colombiana registra este hecho como un acto valiente y sincero y elogia que le pone los puntos sobre las íes a los gringos, mientras la prensa mundial lo ningunió. Pero la pregunta es si hoy la culpa es de la vaca, porque como vamos es mejor ser cocalero que ganadero.