Tengo un profundo respeto por las mujeres que se desempeñan como ministras dentro del gabinete del Presidente Juan Manuel Santos.

Primero por su condición femenina, segundo porque son excelentes profesionales y tercero porque cumplen a cabalidad su gestión, en medio de las dificultades que implica un país como el nuestro.

Con ellas se puede disentir, se tienen discrepancias cuando el Ejecutivo y el Legislativo estudian iniciativas de importancia nacional y regional, pero en el fondo hay que reconocerles probidad, valentía y carácter para enfrentar los temas y superar los momentos adversos. Sin rencores.

Guardo particular admiración por las ministras que representan al Caribe colombiano, las doctoras Cecilia ÁlvarezCorrea Glenn y Natalia Abello, a quienes trato de colaborarles lo más que puedo en el Congreso de la República para el logro de las metas que se han propuesto en el trámite de leyes que benefician a los sectores comercio, industria, turismo y transporte. No solo porque se trata de ellas, sino porque favorecen al país y especialmente a la Costa Norte.

Con la Ministra de Transporte, Natalia Abello, mantengo unas relaciones de alta cordialidad y, sin ser los grandes amigos, hemos podido generar coincidencias respecto de asuntos de su cartera que deben ser movidos con agilidad para que puedan funcionarle a tiempo a los departamentos del área continental del Caribe.

Considero que la doctora Abello viene haciendo una importante labor para sacar adelante temas fundamentales dentro del proceso de desarrollo nacional e incluso es exitosa a pesar de soportar el mal ambiente laboral que se evidencia en la cartera a su cargo. Ella no se arredra ante nada, ni siquiera ante lo complicadas que resultan las relaciones con su superior.

Por ello me ha sorprendido en cierta manera el “Ministricidio” que se quiso poner en marcha en contra de la doctora Abello, quien en un acto de sensatez y atención a los más altos intereses nacionales, tuvo que apretarse el cinturón dada la precariedad de los recursos públicos para la vigencia fiscal de 2016. Lo hizo hablando con quien tenía que hablar, el Ministro de Hacienda. Sin peleas ni controversias al aire. Con respeto, como lo ha pedido el Presidente Santos. Lavando los trapitos sucios en casa.

En algunos ámbitos del poder local se pensó en mover el ajedrez ministerial antes de tiempo. Es decir, ensillar antes de tener la bestia, como dice el adagio popular. Se anunció con bombos y platillos que la señora Ministra de Transporte, Natalia Abello, sería reemplazada después de las elecciones de octubre.

Se equivocaron en la jugada porque el mismo Presidente Santos salió a desvirtuar públicamente el rumor y de inmediato se calmaron las aguas relacionadas con la llegada al ministerio de otro destacado dirigente y joven líder barranquillero, el doctor Jaime Pumarejo Heins. Lo entusiasmaron y ahora lo dejan esperando.

Los promotores del tema y del cambio ministerial parece que no conocieran un poco al Presidente Santos, a quien esos rumores de pasillo lo incomodan bastante. Ahí es cuando sale a relucir verdaderamente quién es el dueño del balón y quién dirige el poder en el país.

Además desconocen también que nadie en Colombia a quien anuncian como ministro con tanta anticipación, por muy ilustre que sea, es nombrado en la cartera. Es la típica jugada con la que queman a alguien. Se fueron en blanco, dejaron de destacar la buena gestión de la Ministra Abello para relevarla del cargo pero en última lo que concretaron fue una salida en falso.