Por Lola Portela

No le diré adios Herbin Hoyos, porque en el corazón de cada secuestrado y en el de esas familias, que adoptó como suyas, como en el mío, y en el de muchos colombianos, estará presente por siempre el hombre de “Las Voces del Secuestro”.

El mismo que unió al país, para decirle a la guerrilla “no más secuestro”, el mismo que sin pensarlo, dos veces, nos unió para decir: “Mocoa es Colombia”. Su moto, su avioneta, su auto, cada vehículo suyo era de quien lo necesitara. Recorrió, y conoció como pocos, las carreteras del territorio colombiano y de otros países gritando: ¡NO MÁS SECUESTRO! Cuando Colombia llegó a ocupar el primer lugar entre los países donde se secuestraba hasta por un televisor, sintió pena y genuino dolor patrio.

No ha muerto ese guerrero periodista huilense, que jamás olvidó ni negó de dónde provenía, a pesar de que con él recorrimos nuevos mundos, enfrentamos y vivimos de cerca el inmenso dolor de guerra, pero él siempre hacia el ambiente en paz y añoraba con volver a comer la comida de sí tierra.

Herbin fue más que un colega para muchos. Por nuestra amistad y por complacerme, muchas veces hasta agachó la cabeza y se sentó a dialogar con gente que “no soportaba”, pues tenía la suspicaz cualidad para detectar gente falsa desde lejos, y aunque me dijera: “qué te dije Lolita”, nunca me negó una petición.

En mi mente queda como el hombre que era capaz de pilotear cientos de kilometras, atravesar ríos, caminar selvas, montar a caballo y forzar al máximo su moto, durante días, para llegar como fuera a una cita. Herbin jamás escatimó esfuerzos, si vislumbraba una luz de cambio, hacia “La Paz”, aunque no faltaron quienes lo tildaron de guerrero e incendiario, por gritarle radicalmente la verdad, a muchos.

Ese era Herbin Hoyos, no era únicamente un periodista, era un colombiano que le dolía el país, y que lo dada todo por ese sentimiento patrio. Por su convicción de lo correcto, por su familia y por los suyos, entre los que tengo el privilegio de estar.

Creo que Herbin Hoyos hizo demasiado y se quedó con ganas de seguir, estoy segura. Con él pasamos varias jornadas en la Plaza de Bolívar: ya fuera porque “nos secuestraron a Salud Hernández”, o porque “es Navidad, y no dejaremos solos un 24 de diciembre a los secuestrados, no importa el frío hermanita, abrígate y te espero en la Plaza de Bolívar, amaneceremos con las familias de los secuestrados, hay que estar con ellos”. Me agolpan esas palabras, y las tengo presentes, porque esa última Navidad, yo decidí volar, pero para reunirme con toda mi familia, ya que en años, por muchos motivos, no lo hacíamos.

Queridos lectores, tuve que aceptar, luego de llorar por horas, que sí, nuestro querido Herbin falleció. El cuerpo de ese guerrero perdió la batalla, aunque su pelea contra el covid-19 fue muy dura, ese virus lo venció.

Me encontraba en una videollamada y el celular no dejaba timbrar, cuando logré devolver la llamada, era Monseñor Lara, para darme, de primera mano, esa terrible noticia, que nunca esperé recibir. En verdad guardaba la esperanza de volver a sentir su apretado abrazo y su beso en la frente.

Mi amigo, mi compinche, ese ser que me protegió en varios cubrimientos, él para Caracol, yo para Televisión Alemana o cualquier canal extranjero. Se me fue, partió adelante el confidente y consejero del corazón. Se marchó a un largo viaje, al que dicen que es eterno y que nos permite conocer a Dios. Y esta vez no me avisó. Y es que como me dijo un día: “a ese viaje vamos solos”.

Los recuerdos me agolpan y sus frases quedarán también para siempre. Una vez le pregunté de qué se arrepentía y me respondió: “de no haber disfrutado más a mi familia” (su esposa, su amor, y el fruto de ese amor) Y es que muchos en nuestro gremio perdemos eso: los amores. En su caso los quiso siempre proteger, pues nunca la tuvo fácil. Investigar y decir la verdad, tiene alto precio, y mucho más en un país como Colombia.

En el 2009, quizás uno de los años más duros del secuestro y del poder devastador de la guerrilla en Colombia, Herbin Hoyos tuvo que salir del país porque las Farc lo amenazaron nuevamente de muerte, como ya lo habían hecho en varias ocasiones. Herbin atendió los consejos de los más cercanos y para que conservar su vida, se fue del país por un tiempo.

Siguió con Las Voces del Secuestro, el programa que hacía en Caracol Radio. Un espacio que iniciaba a media noche, hasta el amanecer y que se convirtió en la única esperanza que tenían los familiares de los secuestrados, para comunicarse con ellos.

La voz de Herbin fue siempre de esperanza, para las personas que perdieron la libertad, durante una violencia, que por décadas se vivió en Colombia y que aún no termina del todo.

Por eso, su voz, su bandera por la libertad, no morirá jamás.