Por Julio González Villa

«El orden constitucional contra la dictadura; la legalidad contra las vías de hecho…; la libertad racional, en todas sus diferentes aplicaciones, contra la opresión y el despotismo…; la igualdad legal contra el privilegio aristocrático…; la tolerancia real y efectiva contra el exclusivismo y la persecución; la propiedad contra el robo y la usurpación…; la seguridad contra la arbitrariedad…; la civilización, en fin, contra la barbarie; la moral del cristianismo y sus doctrinas civilizadoras contra la inmoralidad y las doctrinas corruptoras del materialismo y del ateísmo».

Estos son los principios del glorioso Partido Conservador que en 1849 redactaron José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez ante la llegada del liberal draconiano, militarón, y socio de José María Obando, el General José Hilario López, quien en forma inmediata ordenó la expulsión de los jesuitas.

Ese fue el Partido Conservador que llevó a la Presidencia de la República a egregias figuras como Mariano Ospina Rodríguez, Miguel Antonio Caro, Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina, Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Guillermo Leon Valencia, entre otros.

Ese Partido Conservador que gobernó al país durante 44 años consecutivos desde 1886 hasta 1930, y fue artífice del Frente Nacional entre 1958 y 1974, ha tenido entre sus líderes a personajes como Álvaro Gómez Hurtado, Misael Pastrana Borrero, Belisario Betancur Cuartas, Andrés Pastrana Arango, Fernando Londoño Hoyos, Gilberto Alzate Avendaño, Augusto Ramírez Moreno, Eliseo Arango, José Camacho Carreño, Joaquín Fidalgo Hermida, Silvio Villegas, Fernando Londoño y Londoño, Rodrigo Marín Bernal, Gabriel Melo Guevara, Juan Zuleta Ferrer, Juan Gómez Martínez, Fernando Gómez Martínez, Alberto Velásquez Martínez, Luis Navarro Ospina, Jota Emilio Valderrama, Román Gómez Gómez, Rodrigo Lloreda Caicedo, Guillermo Vélez Urreta, Ignacio Vélez Escobar, Oscar Montoya Montoya, Pedro Justo Berrío, Recaredo de Villa, entre muchos otros.

Ese glorioso Partido Conservador que enfrentó con decisión el bandolerismo, la chusma, desde hace algunos años ha caído en las manos de desabridos, insípidos, insignificantes mercaderes de la política, que sólo tergiversan y copian, mal copiado, el: ¡Enriqueceos! De Guizot.

Debo parodiar un poco a Laureano Gómez para decir, una vez, más, que se aguza y martiriza la memoria para encontrar en los actuales usufructuarios del Partido Conservador, méritos para dirigir tamaña colectividad llena de historia.

En 1953 dijo Laureano, injustamente, a Mariano Ospina Pérez:

«Un pequeño grupo de individuos que se llaman conservadores pero cuya mentalidad es liberal o liberalizante y siguen la fácil táctica de hacerse populares entre el enemigo con sus claudicaciones y desfallecimientos, alerta hallábase en todos los momentos de esfuerzos supremos, que fueron muchos, para enervar al partido, debilitar su empuje y tratar de desconcertarlo, expidiendo cartas de indemnidad por los desafueros del enemigo, o improbando cuanto hacíase en defensa de los oprimidos. Era un cenáculo de raposas, sutiles, merodeadoras y voraces, que rondaron sin descanso en torno de todos los episodios de la reconquista».

Esas palabras, vuelvo a repetir, injustas contra Ospina, hoy cobran total actualidad contra Carlos Andrés Trujillo, actual presidente espurio del Partido Conservador, y su séquito de raposas. Un Partido que, primero, protegió el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos contra la misma voluntad del pueblo colombiano expresada en el plebiscito del 2 de octubre del 2016; y ahora, del que fue miembro del M19, asesino de los mártires conservadores del Palacio de Justicia acribillados por las balas de los compañeros guerrilleros, Gustavo Petro Urrego.

Hay que enrostrarle al Partido Conservador, lentejo, del Trujillo de Itagüí, y a todas las raposas que lo acompañan, y que han decidido empeñar la ideología del Partido de Berrío, de Ospina, de Gómez, de Suárez, de Restrepo, para recibir las migajas de este Epulón proveniente de quienes hicieron alianza con Pablo Escobar para destruir el Palacio de Justicia, como lo afirma la Comisión de la Verdad que conformaron los Magistrados Jorge Aníbal Gómez Gallego, José Roberto Herrera Vergara y Nilson Pinilla Pinilla, los famosos «ayes» de Laureano:

«¡Ay del Partido Conservador, si olvidando la doctrina se envenena con los personalismos!»

»¡Ay del Partido Conservador si rompiendo sus tradiciones y disciplinas se deja invadir por las estériles agitaciones politiqueras!

»¡Ay del Partido Conservador si entrega su destino a las mentes equidistantes que sin fe ni amor al ideal, en los momentos de peligro, se repliegan al fiel de la balanza, como trinchera de quietud y sosiego!

«¡Y ay del país, ay de la república cristiana, ay de la libertad, ay de la tranquilidad de la vida, si el Partido Conservador no sabe estar a la altura de su deber!»

Vía ifmnoticias.com