Por Victor Herrera Michel

Hace apenas unos pocos días escribíamos aquí un artículo titulado: “¿Policías o cómplices..?” en donde relatábamos nuestro asombro por el gran número de ex agentes o agentes activos de la policía vinculados a una pasmosa cantidad de hechos delictivos. Hoy asistimos al peor de ellos: la violación en serie, llegando gasta la agresión y el asesinato, de niñas de entre los 15 y los 18 años por parte de un ex policía (además con hermanos en la institución) y que ha sido bautizado por la prensa como ‘La Bestia del Matadero’.

Supone uno que un joven bachiller que ingresa a una institución como la Policía Nacional –cuyo objetivo es precisamente la protección de los ciudadanos–  pasa por una serie de filtros y un proceso de selección y posterior enseñanza que incluye desde valores ciudadanos y derechos humanos hasta la defensa del honor y la ley. Pero lo que estamos viendo atónitos como resultado de este proceso es realmente decepcionante y aterrador.

Y qué decir de las cárceles de nuestro país. Son verdaderas “universidades” que terminan graduando de criminales a quienes han comenzado desde muy pequeños, casi siempre  en sectores vulnerables, con abandonar el hacinamiento en sus hogares para integrar pandillas en sus barrios. Luego de sus primeras fechorías pasan a las “correccionales” denominados: Centros de Atención al Menor Infractor en donde van “perfeccionando sus habilidades”, y ya adultos “culminan sus estudios superiores” en las penitenciarias.

Pero vamos más allá. También los jóvenes de clase media o alta, educados en prestigiosas universidades, llegan al sector público a cometer toda clase de fechorías desde prevaricar hasta apropiarse de dineros de la comunidad mediante diversas modalidades. Hoy los vemos en pleno accionar desde los incipientes Concejos municipales y Alcaldías hasta en el Congreso, los Ministerios o en las Altas Cortes. El sector público –hoy saturado por escándalos de corrupción– parece ser otra “universidad” que gradúa a verdaderos criminales.

Pero el colmo en este país es que jóvenes que prometen ser destacados profesionales –que provienen de hogares sin mayores necesidades y que son producto de procesos educativos de alta calificación– comienzan sus carreras ascendentes y llegan a ocupar cargos directivos en empresas de gran prestigio en el sector privado (Por ejemplo: Argos, Carvajal, Movistar, Cerrejón, Familia, Van Camps, Tecnoquímicas, Unilever, Manuelita y Postobon, entre otros) y terminan “inventando figuras” para obtener ganancias desproporcionadas –estafando a usuarios o consumidores– que van desde publicidad engañosa, concierto para delinquir, retención de facturas, componendas de precios o repartición de territorios de venta (como los carteles de la droga), sustancias dañinas en productos para el consumo humano, cantidades por debajo de las indicaciones del empaque, acuerdo de precios para ganar licitaciones públicas, evasión de impuestos o de seguridad social de sus trabajadores, desfalcos en entidades financieras, envío de dineros a paraísos fiscales, en fin. Todo ello para obtener utilidades tan excesivas que rayan en el enriquecimiento ilícito. Que grave: también en el sector privado se están “formando empresarios” sin ningún tipo de escrúpulos.

Por Dios..!! Qué tipo de sociedad hemos construido que está produciendo permanentemente tantos criminales y en tantos ordenes…? Hoy más que nunca tiene vigencia en nuestro país la sentencia de J. J. Rousseau en el siglo XVIII.: “El hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe…”

Es hora de una gran y  profunda reflexión nacional sobre estos tópicos. Se trata de nuestra esencia. De nuestro presente pero también de nuestro futuro que, de esta manera, no es nada prometedor.

 

@vherreram