“La batalla por los derechos de las mujeres es de una larga data y ninguno de nosotros debe apoyar todo aquello que los socave”

 Eleanor Roosevelt

 Por: LORENA RUBIANO FAJARDO

Desafortunadamente la barbarie contra la mujer no disminuye y está muy lejos de desaparecer en nuestro país.

A diario en todos los medios de comunicación estamos registrando denuncias de femenicidios, atropellos, acosos sexuales y laborales contra el sexo femenino. Pero lo más grave es que se está dando en varias instituciones oficiales y privadas y en el deporte colombiano.

Acabamos de pasar el acto delincuencial y depravado en la liga femenina de fútbol, que gracias a la valerosa y erguida actitud de sus jugadoras, se destapo el acoso sexual, la indignidad como las llevaban a los  diferentes partidos y casi hasta mendigando comida y dormida.

Según medicina legal, una mujer sufre algún tipo de agresión  cada 10 minutos, fuera de las agresiones, violaciones y atropellos que  quedan en el anonimato, por miedo a denunciar, por vergüenza o por presiones de los agresores.

Pero lo más grave es que esta violencia contra la mujer se engendre, patrocine y origine en una entidad del estado, que precisamente fue creada para defensa de la población, como es la Defensoría del Pueblo. Allí se están viviendo horrores, con casos de trastorno, depresión y estrés, originados por el abuso de autoridad, y .la regional que más problemas presenta es la regional de Bogotá, bajo la dirección de Gustavo Eduardo González Carreño, en donde los casos y denuncias han sido engavetados en control interno disciplinario,  para que no se conozcan por la opinión publica, pero ya han sido enviadas a  la Fiscalía y la Procuraduría General.

 Además se desconocen por parte de la administración de Carlos  Negret  los acuerdos colectivos celebrados con los sindicatos de la entidad.  Es tan aberrante la situación en la Defensoría, que a una funcionaria discapacitada, se le impide utilizar un ascensor, porque es exclusivo para el director payanes.

Con todas estas agresiones contra la mujer en nuestro país, no podrá haber paz, hasta que no se tenga la conciencia social del pleno respecto contra el sexo femenino.

Diana Rusell  activista y escritora feminista escribe que  el femenicidio es una de las formas de violencia que en ocasiones concluye en asesinato e incluso en el suicidio de mujeres; es decir, no solamente la muerte, sino también las diferentes maneras de agredir y violentar a una mujer, lo cual tiene mucho sentido si observamos cómo los niveles de violencia van en aumento hasta llegar a  estos casos desgarradores, situación que no se tiene en cuenta para prevenir y proteger a las mujeres.

 La mujer representa la mitad de la población mundial por eso, hay que estudiarlo como una crisis que ponen en riesgo, la relación armoniosa de la humanidad.

Lo contrario hace considerar que la condición de niña y mujer se convierta en una condición de alto riesgo que atenta contra el derecho a la vida. No debe existir superioridad, ni  derechos y preponderancias de un sexo sobre el otro y peor menosprecio hacia la mujer. Todo esto debe ser erradicado de la faz de la tierra.

Lorenarubianof@gmail.com