Por Carlos Ortiz Fernández

Unos prestigiosos hombres de Dios y líderes de Estado han maniobrado espesas y alambicadas relaciones diplomáticas, han forzado una inesperada, inteligente y civilizada terminación de un prolongado Ciclo de la Historia Contemporánea. El análisis político de estas políticas controversiales debe ajustarse a unas exigencias periodísticas muy equilibradas, verdaderas, respetables.

Los efectos de la Revolución cubana, puestos en una balanza su influencia positiva y la negativa, se inclinará notoriamente. El proceso cubano, su desarrollo, sus manifestaciones han afectado como al que más, a la población colombiana.

Unas breves referencias a la Cuba de Nuestra Señora del Cobre, que prosigue, o reemprende su itinerario. La historia de CUBA  contiene invaluables registros de rebeldía contra los piratas ingleses, antiespañola, antinorteamericana, antiesclavista. Es una historia emocionante, enmarcada dentro de pensamientos y acciones libertarios, de luchas macheteras, riflescas, cañoneras; es una historia manchada de sangre de esclavos  y antiesclavista;  de sublevación anticolonial, de repudio a la indignidad personal y colectiva. Pero, es cuestionable, o censurable su incursión en el siglo 20 en Colombia, en América Latina.

Son sublimes las magistrales lecciones de José Martí y de los Próceres antillanos, agricultores, comerciantes y artesanos; de cultores musicales, folclóricos, deportistas, rumberos, artistas, humanistas, cantores, compositores, intérpretes, músicos; provincianos, matanceros, habaneros, del Oriente, de Santiago, Santa Clara, Pinar del Río,  Camagüey.  Pueblo valiente, corajudo, luchador, lleno de dignidad, pasional., rebelde con causa.

Entusiasma el sólo pensar volver a Cuba, pero, libre; sin enfrentamientos internacionales, sin provocaciones, sin amenazas de uso de armas nucleares, destructivas,  de ojivas y misiles de ultimátum belicoso.

Emociona volver algún día no lejano a las tropicales y amplias calles arborizadas de La HABANA. Grato volver a la Bodeguita del Medio a tomar el Mojito de Hemingwey, a la ciudad de los bulevares europeos, o avenidas americanas, de los amores de Celia Cruz, de Benny Moré, de Bienvenido Granda, de Pablo Milanés, de Silvio Rodríguez y de centenares de exiliados, de desterrados, hostigados, de  simpáticos cubanos.

Quisiera alcanzar a ver restaurada la arquitectura habanera y que se oigan, retumbando en los cielos, en las calles y salones sus sones montunos, guajiros, guantanameros, sus rumbas, guarachas, chachachás, boleros, mambos, tonadas; sus conjuntos, orquestas, Tríos, Dúos, Cuartetos,  y Corales; admirar sus Cantautores y poetas, bailarines, sus Tunas, trompetas, tambores, flautas, clarinetes y saxofones; que vuelvan a retumbar en los cielos  abiertos de la isla encantada, la musical ciudad de Matanzas y del incomparable Varadero, de la Sierra Maestra, de la Habana, del PPG, de los helados, de los cigarros, del tabaco y ron, de las diosas de ébano del Tropicana.

Quisiera volver al aeropuerto “José Martí”, no importa si en Cubana de Aviación, pero, sin las molestias, sin abusos, sin acosos aduanales, a la Cuba libre y gritar en las poblaciones y carreteras de Provincia; movilizarme en transporte limitado, sin las Guaguas, con movilidad crítica por escasez. Caminar en la Plaza de la Revolución; quisiera abrazarme en un año nuevo sin escasez de lo elemental, amanecer cobijado con las sonrisas fraternales de las gentes cubanas.  Quisiera refrescar mi espíritu al volver a sus Ranchos y admirar sus cultivos de Caña y sus gigantescos Ingenios azucareros, recorrer la Fábrica Nacional de los afamados Chocolates cubanos, visitar su bellísimo Cementerio, único en Mármol de Carrara (Muy cubano), verdadera joya,  obra de arte universal, clásico e incomparable, o su vetusta Catedral Católica, o el concurrido,  o silencioso  Malecón de los oleajes cómplices y testigo mudo,  cargado de música y canciones, de plegarias, de promesas, de amoríos, de decepciones, llantos y alegrías, o caminar por sus Murallas derruidas, antimperialistas, anti inglesas, antiespañolas, anti europeas.

Qué bello país, qué hermosa La Habana y bellos sus poblados y ciudades con historia, religión cristiana y ateísmo,  con brujería, santería, magia y rezos; con el bembé y la palabrería.  Miles volverán al paraíso del caribe, al cielo antillano,  con clima tropical, las playas conservadas, limpias, de arenas blancas,  con polvo miligrámico;  con  vientos danzantes, alegres, cielos iluminados.

Quisiera volver a convivir unas semanas con los cubanos libres, alegres y preparados, sin ataduras, sin inhumanas limitaciones de bienes y usos, sin pobreza material entronizada, sin sórdidas órdenes de sometimiento, el más culto de América, lleno de artistas, de científicos, de líderes con títulos ganados, disciplinados, productores industriales, empresarios del Turismo, de la medicina y del turismo científico.

Cuba es un pueblo de políglotas, de gente honrada, de amigos de la naturaleza y defensores del medio ambiente, de campeones del mundo en muchas disciplinas deportivas.

Esas y muchas calidades más quisiera encontrar en un próximo recorrido por la CUBA, de la genética ganadera, de la agricultura, de la cocina y de las bebidas y los cigarros y rones insuperables, de los ríos y fuentes cristalinos, de los paisajes de ensueño.

Volver a La Habana a visitar su Museo en el espacioso Capitolio, a su Universidad, al bello Hotel Nacional, a sus escenarios o coliseos deportivos. Pero, ya en amistad con el mundo, con sus poderosos  vecinos, con el imperio, aún con los contradictores que anhelarán la prolongación del enfrentamiento, del conflicto, de la ruptura.

Quisiera no encontrar, no escuchar los alaridos, la rabia de los que han padecido ofensas, mal trato, persecución, afrentas, daños irrecuperables del Gobierno dictatorial de los Rebeldes de Sierra Maestra y de los Comandantes vitalicios los hermanos Castro y sus adherentes del comunismo internacional.  La diáspora se padeció, se inicia el reencuentro a la Cuna civilizada, ejemplo de América, con una población de mayor posibilidad de años de vida, con  el mejor servicio médico de América.

Aparecerán páginas con estudios, ensayos, artículos, exposiciones que tendrán que concluir que en América, el país que más daño recibió de las prácticas, del fundamentalismo estaliniano, de las réplicas de la revolución cubana, de los alegres adoradores del médico guerrillero Ernesto “Che” Guevara fue Colombia.