Por Lola Portela

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, está en la mira internacional y de las ONG, que dicen defender los Derechos Humanos. Las mismas que guardan silencio y no hacen nada, frente a los derechos de la población atacada, por grupos que desestabilizan la sociedad, la economía y hasta la moral de un país.

Ahora sí levantan la voz y protestan, cuando Bukele se fue con toda su autoridad, como presidente, en contra de las maras, o pandillas organizadas en su país.

Son 3 las medidas aprobadas por El Salvador para combatir a las pandillas:

1. Sanciones para los medios
La Asamblea Legislativa votó a favor de reformar el Código Penal para sancionar a cualquier medio de comunicación que reproduzca o transmita «mensajes o comunicados originados o presuntamente originados por pandillas”.

Esta iniciativa ha sido bautizada por los medios locales como «Ley mordaza», pero fue aprobada con los votos de 63 congresistas (de los 84 en el Parlamento), sin estudios previos, ni discusión legislativa, lo que evidencia la necesidad urgente de su implementación.

Bukele se expresó así, al respecto:
«Cuando los alemanes querían erradicar el nazismo, prohibieron por ley toda la simbología nazi, así como los mensajes, apologías y todo lo que fuera dirigido a promocionar el nazismo, tuiteó Bukele, defendiendo la medida

2. Prohibición de grafitis
La reforma del Código Penal también sanciona la elaboración y reproducción de propaganda, mensajes, señales o grafitis alusivos a las pandillas.

Establece que “quienes elaboren, participen o faciliten la ejecución de textos, pinturas, diseños, dibujos, grafitis y cualquier otra forma de expresión visual en inmuebles públicos y privados, donde se transmitan mensajes explícitos e implícitos que hagan alusión a las pandillas, serán condenados con una pena de diez a quince años de prisión”.

La reforma castigará especialmente a los que tengan como finalidad aludir al control territorial de las pandillas o transmitir amenazas a la población.

3. Reutilización de bienes y armas
Así mismo, se aprobó otra iniciativa del presidente Bukele que autoriza al Estado a utilizar el armamento, dinero y los bienes incautados a las pandillas, para luchar contra ellas mismas.

El presidente Bukele, además amenazó con dejar morir de hambre a los pandilleros presos si en la calle sus grupos comienzan a «vengarse», por el régimen de excepción declarado, tras una escalada de asesinatos de más de 80 personas, solo en fin de semana.

“Andan rumores que quieren empezar a vengarse de la gente honrada al azar, hagan eso y no va a haber un tiempo de comida en las cárceles. Les juro por Dios que no comen un arroz, y vamos a ver cuánto duran»,
expresó el presidente de El Salvador.

Algunos sectores de la oposición salvadoreña y diversas ONG han criticado al mandatario y creen que sus medidas son exageradas, al respecto les dijo:
«No me importa lo que digan los organismos internacionales; que vengan a proteger a nuestra gente, que vengan a llevarse a estos pandilleros, si tanto los quieren, se los entregamos todos; al dos por uno», agregó el presidente.

El presidente salvadoreño también ha solicitado la construcción de un nuevo centro penitenciario, de máxima seguridad , para 20.000 presos, que se convertiría en el más grande del país.

Los desafíos, frente a la delincuencia, que enfrenta El Salvador son los mismos en varios países, y el deber del Estado, de cualquier nación democrática, es garantizar la seguridad y la justicia para su población.

Cuando esa justicia se aplica entonces de inmediato saltan todos los defensores de derechos humanos, que poco o nada hacen frente a un conflicto interno y en defensa de los derechos de la población en general y de los derechos de las víctimas lesionadas por los grupos al margen de la ley.

En lo personal, considero que la educación comienza en la familia, ésta es el núcleo de cualquier sociedad, pero cuando un hijo no tiene buena formación o un hogar estable, la vida misma, su entorno y las amistades lo llevan a un camino equivocado. No es la pobreza, conozco mucha gente pobre que lucha y encuentra oportunidades.

¡La plata fácil, tiene mal final! Y es lo que muchos no comprenden.