Los miembros del Pueblo wayuu, en nuestra condición de pobladores originarios de la península de La Guajira, dotados de organización social, lengua y sistema normativo propios anteriores a la existencia misma de las jóvenes repúblicas de Colombia y Venezuela, les expresamos, a los Presidentes Juan Manuel Santos y  Nicolás Maduro, lo siguiente:

En este territorio peninsular, que es uno solo y forma una red ordenada de lugares y caminos conectados por las huellas de nuestros ancestros, en donde distintas generaciones de  nuestros clanes han abierto senderos para los encuentros multiplicadores de la vida, continuamos hoy con la labor de mantener amplios los horizontes de estos caminos y hacer, en las altas temperaturas de nuestras tierras acogedoras, sombras para la amistad y, de la aridez de la superficie ancestral, huerta de cultivo de la convivencia.

Los wayuu somos el pueblo indígena más numeroso en ambos países y pretendemos ser punto de unión y no de divergencia entre las dos repúblicas, lo que legitima nuestra palabra y otorga autoridad a nuestra postura. Les recordamos, a los Presidentes Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos, el inmenso sueño de Bolívar, plasmado en la Carta de Jamaica, de erigir la capital de La Gran Colombia  en los confines de los dos países, en uno de los grandes puertos guajiros.

Señores Presidentes: les ofrecemos la milenaria experiencia de nuestros palabreros para la búsqueda de la armonía entre los dos Estados. Estamos convencidos que la estética es un principio rector de las transacciones humanas. En consecuencia, el diálogo deberá tejerse con la aplicación y destreza con que nuestras mujeres artesanas elaboran una preciosa mochila y ser tan armónico como un delicado collar. No somos ni jueces ni árbitros entre los dos gobiernos, sólo somos mensajeros sencillos, transitorios y solemnes de palabras de paz. La actual situación no beneficia a ninguna de las partes, ustedes como mandatarios concurren en un momento único ante el auditorio de la memoria y de la historia y, en consecuencia, sus gestos y acciones deben estar orientados hacia lo grande y lo sublime.